Planificado y construido a principios de la década de los setenta, Black Butte Ranch se encuentra al pie de las montañas Three Sisters, en las cascadas centrales de Oregón (Estados Unidos), puerta de entrada al desierto. Este espacio, implantado en un terreno de 720 hectáreas, es ahora tanto un resort, un hogar para residentes permanentes como un popular destino vacacional.

Para la remodelación de este complejo recreativo y gastronómico contrataron a la firma Hacker, que se centró en los 50 años de antigüedad del resort. La estructura original del rancho, aunque de valor arquitectónico, presentaba problemas de accesibilidad, sistemas mecánicos obsoletos y una distribución anticuada, que dificultaban la renovación. Tras tomar la decisión de construir una nueva casa, el estudio inició un extenso proceso de divulgación —que duró un año— para comprender la visión y las prioridades de la comunidad para su remplazo.

Al igual que el trabajo de Hacker en otras partes del rancho, con la nueva estructura se busca honrar y evolucionar el lenguaje de diseño de las edificaciones originales y realzar la experiencia del paisaje circundante, mediante un cuidadoso trabajo de enmarcación y superposición de vistas, así como una interpretación sensible de los materiales y formas regionales.

A su vez, en el interior se celebra la tradición del rancho al resaltar la madera por medio de su estructura y acabados expuestos, utilizando tonos contrastantes de especies de madera nativas para crear una sensación de calidez y amplitud.

Sobre el nuevo diseño de Black Butte Ranch

Todo el espacio se desarrolla alrededor de una chimenea de piedra de doble altura con una textura única, que fusiona la nostalgia de la antigua cabaña con la nueva. Los reservados del restaurante parecen tallados de la misma manera en que el cercano río Metolius ha tallado los flujos de lava subyacentes con el paso de los años.

Los arquitectos recuperaron la mayor cantidad posible de madera de la cabaña original para crear barandillas, biombos, muebles y acabados para las paredes. Esta conexión también se extiende al exterior, donde un pino ya existente en el terreno no se pudo salvar, por lo que lo transformaron en tableros de mesa personalizados para el restaurante y el bar. Para el exterior emplearon la técnica japonesa de shou sugi ban, mediante la cual se quema superficialmente la madera para darle mayor durabilidad y, además, el aspecto desgastado del anterior edificio.

Los recursos locales también se reflejan en el diseño paisajístico al utilizar plantas nativas resistentes a la sequía, fomentando la creación de hábitat y celebrando el entorno circundante. Así mismo, adquirieron los materiales de construcción regionalmente siempre que fue posible, para reducir el impacto del transporte e impulsar la economía local.
