Desde las tres de la tarde, Ono Hosomaki Bar funciona como un bar-restaurante donde cada detalle, desde el ritmo hasta el ambiente, está orquestado con sumo cuidado. Su carta es breve y deliberada, enfocada en la frescura y la técnica.
Incluye una selección de nigiris, sashimis, hosomakis y handrolls preparados al momento. Su nombre rinde homenaje al hosomaki, el rollo delgado y clásico de la cocina nipona, envuelto en arroz y alga con un único ingrediente central, simbolizando la sencillez elevada. La cocina está disponible hasta las 11:00 p.m.

La propuesta culinaria se complementa con una carta de cócteles que unen influencias japonesas y colombianas. Además, ofrecen tragos clásicos sutilmente reinterpretados, así como mezclas originales diseñadas por la casa. La ambientación visual y sonora acompaña la experiencia durante el servicio de mesa.
El diseño del lugar no parte de la arquitectura tradicional, sino del lenguaje del espectáculo y la música en vivo. Al frente del proyecto está Jaime Lora, director de arte con una trayectoria en conciertos, eventos musicales y experiencias nocturnas, que traslada a este espacio físico una lógica propia del escenario: atmósfera antes que forma; ritmo antes que objeto; emoción antes que ornamento.

La experiencia de Lora en la dirección de arte para conciertos fue determinante para entender el espacio como una secuencia temporal y no como una imagen estática.
En Ono, la arquitectura se comporta como un show bien construido: no se revela de una sola vez, se despliega gradualmente a lo largo de la noche. Cada decisión —materiales, recorridos, iluminación y sonido— responde a una noción clara de tempo y progresión.
Ono Hosomaki, una experiencia distinta
Uno de los pilares del proyecto es la luz, concebida como materia sensible más que como recurso técnico. En colaboración con Pablo Ricaurte, el diseño lumínico se desarrolló desde una lógica casi teatral. La iluminación no enfatiza ni compite con la arquitectura, acompaña.
Genera pausas, intimidad y tensión, permitiendo que el espacio respire y que la experiencia se vuelva introspectiva. La sombra, más que la luz, es el verdadero material utilizado.

La influencia japonesa aparece de forma conceptual y no literal. No hay escenografía ni referencias obvias, sino una filosofía basada en la contención, la sobriedad y el respeto por el vacío. La paleta cromática reducida, los contrastes controlados y la ausencia de gestos grandilocuentes responden a una premisa clara: si algo necesita ser explicado, no pertenece al ritual.
Ono funciona como un solo organismo —restaurante, bar y club— sin fragmentarse. La transformación del espacio ocurre de manera orgánica, guiada por la música, la densidad humana y la luz. Esta fluidez responde directamente a una visión heredada del mundo del concierto: el mejor momento no se anuncia, simplemente sucede.
Más que un ejercicio de interiorismo, este lugar representa la convergencia entre dirección de arte escénica, diseño espacial y lumínico. Un proyecto donde la arquitectura se vuelve invisible para permitir que la noche, finalmente, tome el control.

A partir de las 11:00 p.m., el ambiente de Ono Hosomaki Bar experimenta una metamorfosis fluida y sin interrupciones. El espacio entra en modo fiesta, con la música tomando el protagonismo.
El bar se convierte en un punto de encuentro con una curaduría musical ecléctica que navega desde el jazz japonés al deep house, y del downtempo al reguetón, adaptándose a la energía del público. La atmósfera resultante es introspectiva pero vibrante, precisa pero libre de rigidez.
Ono se define por su movimiento constante entre formas, forjando una identidad que no requiere etiquetas. Cada componente —la iluminación, el sonido, la disposición del espacio y el servicio— se integra para tejer una narrativa sensorial que invita al visitante a entregarse al momento y a regresar. Abierto de martes a sábado, de 7:00 p.m. a 3:00 a.m. Calle 84 A # 9-11, Bogotá.
