Una casa no es solamente un lugar para habitar y pasar el día a día. Después de años, las construcciones se van convirtiendo en repositorios de recuerdos. Es como si los muros, las ventanas, los colores de la madera de los pisos y los muebles albergaran eternamente todo lo que ha pasado en su interior. En la Casa Memoria Suba entienden esta idea perfectamente.

Todo en ella está en disposición de honrar el recuerdo y fortalecer el tejido social para evitar que la violencia se repita: las personas que la habitan, las actividades que desarrollan en sus predios y la apuesta estética que proponen.
De hecho, su ubicación también es clave para cumplir su propósito de reparación y memoria. Queda en en el barrio La Gaitana (carrera 125B # 131A-35), en el noroccidente de Bogotá, a unas cuadras del Comando de Atención Inmediata (CAI) del barrio, que fue el primer hogar de la Casa Memoria Suba. El origen del proyecto está ligado a la resignificación física y simbólica del territorio.

“Durante el estallido social de los años 2020 y 2021, el CAI fue un punto neurálgico, por lo que varias organizaciones sociales reclamaron ese espacio y lo convirtieron en una biblioteca pública para la comunidad. Esa fue la primera semilla para que hoy pueda existir un centro en el que se puedan desarrollar diversas actividades”, explica Fabián Ramírez, uno de los coordinadores de la casa, junto con Karen Rodríguez Sosa.
Desde entonces pasaron dos años de mesas de diálogo con la Secretaría de Gobierno, la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Alcaldía Local de Suba. De ese proceso surgió la creación de Casa Memoria Suba, entregada en 2023, que funciona con un carácter autónomo y un modelo de autogobernanza.

“Las organizaciones sociales y las familias tomamos decisiones sobre las actividades y acciones en el marco de la memoria y la construcción de paz, mientras que la Alcaldía asume la responsabilidad del ejercicio de reparación y el acompañamiento logístico”, señala Karen Rodríguez.
Las familias de Julieth Ramírez, Germán Puentes, Freddy Maecha, Cristian Castillo de la Ossa y Angie Baquero —asesinados durante el estallido social— habitan y sostienen este lugar como un espacio vivo, no solo de duelo, sino de acción colectiva.
Sobre Casa Memoria Suba
Hoy, Casa Memoria Suba funciona como un centro cultural y pedagógico abierto a la comunidad, articulado con organizaciones sociales, huertas comunitarias, colectivos de derechos humanos e instituciones educativas.

Así mismo, mantiene vínculos con colegios y universidades, y desarrolla talleres de danza, teatro, artes plásticas, artes visuales, música y procesos de formación en derechos humanos, género y medio ambiente. “Un lugar para no olvidar, para recordar que esto no puede volver a suceder y para exigir verdad”, resume Ramírez.
El recorrido por la casa revela una arquitectura cargada de sentido. Cada área cumple una función simbólica y pedagógica: el aula ambiental, que aborda la memoria del territorio y la afectación a cuerpos de agua como el humedal La Conejera; la biblioteca David Castillo, articulada con redes de bibliotecas comunitarias, y el auditorio Julieta Ramírez, donde se realizan cineforos y encuentros intergeneracionales.

“Es un espacio que evoca no solo el estallido social en Colombia, sino las luchas sociales a nivel mundial, incluso más allá de lo humano; las luchas por la vida misma”, explica Ramírez.
Las paredes están pintadas con coloridos murales que honran la vida de las víctimas. También hay en ellas carteles con consignas y diferentes piezas de arte que aluden a la paz. La luz abunda en un patio central que conduce a las habitaciones.

La casa es vecina del parque de La Gaitana, así que el verde de la vegetación la rodea. De hecho, al fondo del corredor hay un pequeño jardín que bautizaron el Jardín de la Memoria, el cual funciona como símbolo de la vida.
El día de nuestra visita, uno de los salones está ocupado por una madre que empieza a practicar los pasos de cumbia mientras se menea al son de la canción que un joven profesor pone repetitivamente en un parlante. Es la prueba de que este es el hogar de la comunidad de La Gaitana.

La Profe Karen, como ella misma se presenta, insiste en que un espacio con estas características habría sido impensable hace diez o quince años.
Para ella, una casa de memoria solo es posible en un país que redobla esfuerzos para construir una sociedad en paz, en la que todos se puedan expresar sin miedo, en la que nos cuidemos los unos a los otros.
La Casa Memoria Suba demuestra que la infraestructura no es únicamente materia construida, sino que también puede ser un lugar de encuentro y de sentido. En esta casa las experiencias, los afectos y las luchas atraviesan cada sala y convierten el espacio en una herramienta activa de pedagogía, resistencia y construcción de paz.
