Revista Axxis
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En Colombia, la Semana Santa trasciende su dimensión religiosa para convertirse en una oportunidad de pausa e introspección. Esta selección reúne algunos destinos donde la arquitectura, la naturaleza y el bienestar dialogan en equilibrio, invitando a habitar el tiempo con calma y a descubrir nuevas formas de descanso en escenarios profundamente inspiradores.
1. Hospedarse en Provenza, Medellín
Recientemente, se inauguró la segunda torre de 23 Living. Este desarrollo de vivienda turística, localizado en una ladera en el sector de Provenza, está rodeado de edificios de altura media, entre ellos la primera etapa del hotel, y tiene frente hacia dos calles opuestas con una vegetación tropical exuberante.

El diseño arquitectónico de este segundo edificio estuvo a cargo del estudio antioqueño Plan:B Arquitectos, dirigido por los hermanos Felipe y Federico Mesa, cuyo trabajo cruza el oficio con la reflexión académica y que, además, ha producido obras importantes para Medellín, como el Orquideorama del Jardín Botánico y los escenarios deportivos para los Juegos Suramericanos de 2010.

El resultado es una arquitectura controlada con balcones generosos sobre las calles y una jardinera perimetral de cincuenta centímetros de ancho hacia los vecinos. Un esqueleto estructural de aristas curvas, de concreto color ocre y vestido de trópico, que se asoma sobre los árboles cercanos y las montañas lejanas. Un jardín habitable, conectado con el barrio.

La dirección de arte y el interiorismo estuvieron a cargo de Estudio Liberal, liderado por Sara Restrepo y Felipe Hoyos. Su propuesta de diseño interior genera una atmósfera que complementa la claridad de la arquitectura con un sentido de diversidad expresado en materiales y colores, desde dibujos en los pisos de zonas comunes que hacen eco de la topografía de Medellín hasta barras de concreto fundido en las cocinas, pasando por piezas diseñadas especialmente para el proyecto, como lámparas colgantes y espejos. El espacio doméstico se enriquece, para luego fugarse hacia el paisaje a través de los balcones.

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2. Disfrutar de Boyacá en Raquira
El proyecto de rediseñar Casa Selvaggio, un hotel ubicado en una colina de Ráquira (Boyacá), parte de una decisión fundamental: remplazar una obra inicial en concreto por una íntegramente construida en bambú, con un sistema que articula estructura, forma y paisaje.

El encargo le llegó al arquitecto Mauricio Castaño después de que el propietario buscara una alternativa sostenible para un conjunto diseñado originalmente con estructuras de concreto y sistemas constructivos convencionales.

Cada unidad, de 70 metros cuadrados, se apoya en la pendiente natural de la colina, sin modificarla agresivamente. La posición de las cabañas sigue la topografía de manera secuencial, evitando el registro visual directo entre ellas para, por el contrario, abrirse a la vista panorámica que ofrece el lugar.

Esta decisión de emplazamiento permite que haya relaciones claras entre arquitectura y territorio. Las terrazas se proyectan hacia el valle y funcionan como prolongación del interior. Desde ellas, la lectura del paisaje no se da como un fondo escénico, sino como un componente activo del conjunto. La repetición controlada de las cubiertas y la continuidad material generan una unidad que no compite con el entorno, sino que se incorpora a él con un perfil bajo y una escala adecuada.

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3. Un hotel ‘boutique’ para vivir Cartagena
Privado es un hotel boutique ubicado en una casona patrimonial en la calle del Curato. Durante años, la vivienda había albergado oficinas que fragmentaron sus espacios con cerramientos que obedecían simplemente a la necesidad de tener cubículos y que hicieron que la casa perdiera su lectura original.

Cuando Mezk Studio —firma dirigida por el arquitecto Pedro Juan Mendoza— asumió el proyecto, la decisión inicial fue retirar esas capas recientes para recuperar proporciones, alturas y relaciones espaciales. A partir del descubrimiento de la arquitectura oculta, se diseñó un hotel contemporáneo que utiliza la tradición como sustancia y no como decoración.

Así, el proyecto se orientó hacia una pregunta esencial: ¿cómo construir un lugar de descanso en medio de una ciudad turística, donde el ritmo tiende a ser acelerado? Privado se ofrece como respuesta mediante un diseño interior que evita la espectacularidad de las tendencias “instagrameables” en favor del abordaje de los asuntos de fondo de la tarea del arquitecto: el confort, así como la adecuada iluminación y ventilación de los espacios.

En la paleta cromática se aplican distintos tonos de azul frío, una elección pensada para contrastar con la temperatura visual del Caribe urbano. La intención no es producir un efecto temático, sino matizar la luz y crear un ambiente que se percibe más pausado, casi como si bajara el volumen al exterior.
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4. Una nueva experiencia en Bogotá
“Queríamos que cada habitación reflejara el espíritu original del Click Clack, una marca que se atreve a cuestionar lo convencional, pero ahora desde una madurez más consciente —explica Tomás Beltrán, cofundador de The Click Clack Hotels—. La renovación no fue solo estética, sino emocional: buscábamos más calidez, mejor ejecución y un refinamiento que hablara de nuestra evolución, sin perder la irreverencia. Click Clack es una marca que provoca y sorprende”.

En la intervención se respeta la estructura original, pero se introduce un nuevo sistema de revestimientos en madera natural que abraza al huésped y transforma la atmósfera. A esa materialidad envolvente se suman el cuero, los acentos metálicos y una paleta de tonos tierra que aportan serenidad.

“La idea es que la habitación se percibiera como un refugio —añade Juan Felipe Cruz, también cofundador—, un espacio donde se pudiera trabajar, descansar y crear con la misma comodidad. Hoy, el huésped busca flexibilidad, y eso es precisamente lo que ofrecemos”.

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5. Un hotel perfecto para abrazar el paisaje de Barichara
En la lengua guane, guatí significa “el canto de la loma”. Por eso el hotel se llama Casa Guatí, fue una referencia directa para su diseño. “Queríamos que reflejara esa sensibilidad: los cantos de los pájaros, el viento, el silencio del paisaje”, cuenta el arquitecto. La intención era clara: que el lugar evocara paz, desconexión, una pausa necesaria.

El arquitecto Alejandro Villamil Meléndez, de Baral Studio, fundador de la firma que lideró el proyecto que, desde el inicio, tuvo como hilo conductor el recorrido. “El terreno tiene una pendiente pronunciada, así que el diseño propone descubrir el hotel a medida que se desciende desde el acceso superior hasta llegar al corazón del proyecto: la zona social y la piscina infinita”, explica. Y de esta forma, el recorrido es una transición hacia el descanso.

Lo anterior se aprecia en cada detalle de su arquitectura. Las nueve habitaciones del hotel, el restaurante, el bar, el spa y la piscina están organizados de forma orgánica, siguiendo un eje descendente que facilita la operación sin romper la experiencia del huésped. Cada espacio está orientado hacia la vista: la catedral del pueblo y la majestuosa serranía de los Yariguíes.

Desde la llegada, además, el visitante se sumerge en una atmosfera distinta. Por ejemplo, las texturas de la tapia pisada, los muros de piedra a la vista, el piso en barro cocido y la madera expuesta hacen parte del concepto de la obra, un esfuerzo por mantener los materiales del lugar y en diálogo con la historia de la región. “Cada elemento conversa con la tradición arquitectónica de Barichara”, afirma Villamil.
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6. Un atractivo arquitectónico para descansar en Medellín
Andrés Martínez, del estudio Into, diseñó la torre del Binn Hotel en Medellín, que se define como “un ecosistema sofisticado de hospitalidad y lujo silencioso”. Es, desde su arquitectura e interiorismo, un lugar para amantes del diseño y el buen gusto, enamorados de los detalles, que promete bienestar.

El Binn —inaugurado en 2016— está ubicado en un punto estratégico de El Poblado, lo suficientemente lejos del ruido y a la vez cerca del comercio y la vida nocturna. “La belleza de los espacios, que tienen vidrios de piso a techo para ver la Ciudad de la Eterna Primavera en todo su esplendor, y el confort de sus 78 suites se mezclan para ofrecer el mejor servicio”, dicen los arquitectos de Into.

La experiencia empieza en el lobby, donde arte y diseño se combinan en objetos como sillas de colección, una biblioteca con libros de lujo y un par de exhibiciones de piezas que emulan la estética precolombina. “Una nutrida selección de materiales resalta gracias a la iluminación y la creación de una atmósfera de bienestar visual”.

Otros dos espacios que se destacan por su arquitectura y servicio son los restaurantes Makha, en el primer piso, y Etro, en el rooftop. “Ambos conservan características que los conectan, como los colores”.
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7. Medellín desde una casa hotel de lujo
Este proyecto, un hotel de diez habitaciones dotadas con cocineta, baño, jacuzzi y terraza, se llevó a cabo en una casa construida hace más de treinta años, lo que sin duda significó un desafío para el arquitecto Eduardo Múnera, autor del proyecto.

A la vez esta casa constituye la riqueza y encanto del lugar por su escala más íntima y personal, así como por su arquitectura, que resignifica los espacios a partir de un nuevo uso.

El concepto se basa en la noción del trópico, por lo que desde la composición espacial hasta el diseño interior reflejan una imagen cálida. Así se cumple con el objetivo de crear un oasis de descanso en medio de la ciudad: “Recreamos la sensación de estar en medio de la naturaleza mediante la introducción de partes y elementos característicos de la “arquitectura tropical””, agrega.

En ese sentido la casa original les aportó ventajas significativas, pues la configuración de la fachada les permitió desarrollar el concepto del hotel aplicando una serie de estrategias muy sencillas, como el uso de una paleta de colores orgánicos, la incorporación de jardines con abundancia de vegetación y la instalación de unos calados especiales destinados a filtrar el aire y la luz naturales sin afectar la privacidad de los huéspedes.
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8. Uno de los mejores hoteles de Barú
Este es un resort sostenible de lujo que justamente esta semana se ganó el premio Luxury Lifestyle Awards como “Mejor Nuevo Resort de Lujo en Suramérica 2022″.

En un terreno de 66 hectáreas de topografía inclinada, el hotel se emplaza de tal manera que sus edificios no superan los tres pisos, mientras otorgan vistas al mar en todas las habitaciones.

“El concepto siempre fue hacer un desarrollo de baja altura que estuviera mimetizado con el entorno”. Esto lo complementan con inmuebles de vocación turística –casas y apartamentos–, que disfrutan de tranquilidad gracias a su implantación estratégica.

Tanto en el desarrollo del diseño arquitectónico como en la ejecución de la obra, el objetivo primordial fue adelantar un proyecto sostenible. Su materialidad, funcionamiento e imagen dialogaran con un entorno natural de carácter único. Para eso, hubo una interventoría y supervisión técnica realizada por Intervé.

Crédito de foto: Mateo Soto, cortesía Entornos Productivos.
“El lugar tiene dos temporadas. En la seca, se caen las hojas de los árboles y todo adquiere un tono arena. En la de lluvias todo reverdece. Para definir la paleta de materiales escogimos irnos por los colores y texturas que se evidencian en la época seca. Así se puede ofrecer una relación mimética en ambos escenarios.”
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