Revista Axxis
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Generalmente, la casa como tipología tiende a resolver su relación con el suelo desde la superposición: una construcción levantada sobre una plataforma nivelada, plana. La Yaw House, diseñada por el estudio polaco KWK Promes —con la autoría de Robert Konieczny y Marek Golab-Sieling—, parte de una operación distinta.

El proyecto se implanta sobre una parcela de 4.870 metros cuadrados en las montañas Beskid (Polonia), en una ladera con pendiente pronunciada, y organiza su forma a partir de un giro; la misma rotación que en aviación define el movimiento de un avión alrededor de su eje vertical: el yaw.

Los arquitectos proponen un volumen franco con cubierta a dos aguas —coherente con el contexto construido—, para luego rotarlo y alinearlo con el sur y así exponerlo a la luz del sol. Posteriormente, entierran su base en la topografía y abren sus fachadas hacia el jardín y el paisaje.

Esta rotación no es solo un recurso formal, es el mecanismo que organiza el programa y divide el edificio en zonas con una lógica clara.

El diseño de la casa

Al frente quedan el acceso y el área técnica, esta última pensada para el uso vehicular del propietario. Hacia el jardín se despliega el área social en la planta baja, con una fachada acristalada de gran formato con filtro UV que capta la luz y evita, al mismo tiempo, el exceso de calor.

Arriba, contenida bajo la cubierta a dos aguas, se localiza la zona privada. La superficie habitable total es de 929,9 metros cuadrados, distribuidos en los dos niveles más la piscina.

Dicha piscina se concibió como una pieza singular dentro del conjunto. Incorporada durante la construcción ante la repentina necesidad de rehabilitación de uno de los habitantes, se resolvió como un cuerpo circular semienterrado en la ladera, separado de la masa principal y accesible desde el nivel del jardín.

Su geometría circular contrasta con la linealidad del conjunto y su cubierta ajardinada se funde con la pradera circundante. En la sección, el límite entre arquitectura y terreno desaparece, puesto que la topografía continúa sobre el edificio.

Lo que este movimiento produce no es solo una orientación favorable ni una planta eficiente. Es una arquitectura que no se posa sobre el terreno sino que dialoga con él, que no enfrenta la pendiente sino que la incorpora como material de proyecto.

La topografía deja de ser una simple base para convertirse en la lógica que da forma al edificio; el yaw que nombra la casa no describe únicamente su geometría, sino su manera de existir en el lugar.
