Revista Axxis
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El Arca es un pabellón residencial privado diseñado por la firma Mallol en Nueva Suiza, Chiriquí, Panamá. El terreno se ubica a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, en las laderas del Volcán Barú, en una región de tierras altas reconocida por la producción de café Geisha, una de las variedades de café de especialidad más exclusivas del mundo, que se cultiva en esta zona.

La construcción se realizó en estrecha colaboración con los artesanos locales Amílcar y Abdiel Rodríguez, cuya experiencia técnica en la construcción en madera fue fundamental para el proyecto, desde la estructura hasta los acabados.

El pabellón se organiza bajo un único techo curvo que abarca todo el programa. Esta estructura envolvente proporciona una protección continua contra las frecuentes lluvias y el clima cambiante de las tierras altas, estableciendo una fuerte presencia arquitectónica en el paisaje. Esta obra se inspira en la forma de una hoja seca caída al suelo, una referencia que da nombre al proyecto (El Arca) y define el distintivo arco curvo visible a través del dosel del bosque circundante.

El diseño de El Arca
Las áreas de estar, comedor y descanso se distribuyen en un solo nivel bajo el techo, orientadas hacia los jardines, el río y el bosque nuboso circundante. El volumen interior está definido por la estructura de madera vista en la parte superior, que permanece visible en todo momento, funcionando como el esqueleto del edificio y su superficie principal.

Todos los materiales primarios se obtuvieron del sitio y sus alrededores. La estructura, el revestimiento de las paredes, los pisos y el techo a la vista están construidos con cedro, una madera autóctona de la propiedad. La decisión de obtener la madera directamente del terreno elimina las cadenas de suministro externas y garantiza que el carácter material del edificio refleje el territorio que ocupa.

Asimismo, la carpintería fue realizada completamente a mano por artesanos de las tierras altas de Chiriquí, cuya familiaridad con el cedro se reflejó en cada unión y superficie. El revestimiento exterior está acabado con tejas, manteniendo la continuidad material con la estructura de madera y adaptándose a un clima caracterizado por la lluvia, la niebla y las variaciones diarias de temperatura. Senderos, terrazas y superficies del suelo están construidos con piedra extraída localmente.

Durante el proceso de diseño, una enorme roca descubierta en el terreno se conservó intencionadamente en lugar de retirarla; en su lugar, el pabellón se construyó a su alrededor. La roca ahora se encuentra en un jardín interior en el centro de la estructura, rodeada de cedro y vidrio que van del suelo al techo, con plantas autóctonas y luz natural desde abajo.

Además, el proyecto permanece visible desde la orilla del río a través de un ventanal de altura completa. Esta decisión marcó el principio organizativo del proyecto: en lugar de despejar el terreno para imponer una distribución predeterminada, el edificio se configuró para integrarse con lo que ya existía.

El paisaje exterior refuerza este enfoque respetuoso. Jardines diseñados a detalle integran especies autóctonas con plantaciones estratégicas en todo el terreno, creando una secuencia de llegada que comienza incluso antes de alcanzar el edificio.

Como datos adicionales de esta obra, el río de montaña discurre junto a la propiedad sin ser canalizado ni encauzado. Su sonido impregna cada espacio interior, funcionando como una conexión acústica continua entre el edificio y su entorno natural.

Al obtener la madera de cedro de la propiedad, extraer la piedra localmente y emplear exclusivamente a artesanos de las tierras altas de Chiriquí, el modelo constructivo del proyecto mantuvo toda la cadena de suministro y mano de obra dentro de la región.

Este enfoque conservó la actividad económica generada por el proyecto en el territorio y garantizó que el conocimiento técnico inherente a la construcción permaneciera en la comunidad que la construyó.
