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Revista Axxis
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Para adaptar una novela de la magnitud de «Cien años de soledad», el equipo de Netflix supo desde el principio que iba a necesitar mucho más que efectos especiales y un set: necesitarían un pueblo entero. En realidad, terminaron siendo cuatro distintos que se construyeron para las dos temporadas pensando en que estuviesen invadidos por el realismo mágico que inmortalizó a Gabriel García Márquez.

Fue así como Macondo pasó de ser un pueblo fantasma de la literatura colombiana a tener un equivalente de 560.000 metros cuadrados en Alvarado, Tolima. Esta fue la locación principal donde se filmó la segunda parte de la serie, aunque el equipo también tuvo rodajes en otros diez municipios del país.

Ahora, para la construcción del pueblo lo primero que hizo el equipo fue remitirse al libro para lograr incluir la mayor cantidad de detalles posibles en su recreación. Después de eso, vino una exhaustiva investigación histórica sobre la arquitectura de Colombia a comienzos del siglo XX: de ahí vinieron los techos con tejas de barro, los balcones de barandas esculpidas y los tupidos antejardines de las casas más grandes.

Macondo y el diseño de sus espacios

Este Macondo fue construido con base en el Caribe colombiano que inspiró a García Márquez en un principio. » Cada elemento exigía verosimilitud. Lo que hizo de esta segunda parte más exigente es que los temas están mucho más cerca de nosotros. Siguen siendo actuales. Para tender un puente creíble entre el pasado y el presente, el rigor no era opcional», afirmó Bárbara Enríquez, diseñadora de producción de la serie.

Su punto lo ilustra también el mobiliario con el que se llenaron los diferentes espacios. Por ejemplo, en la casa Buendía resaltan los muebles y candelabros victorianos, mientras que en otros espacios como la casa de Petra Cotes o la taberna de Catarino reina un estilo mucho más rústico de madera y techos de zinc.

Una de las grandes adiciones que se le hizo a este pueblo fue la estación de tren y la sede principal de la compañía bananera. El primero, que contó con Phillipe Legler como director de arte, requirió de un equipo de 150 personas para su construcción y está inspirada principalmente en la estación de tren de Ciénaga, Magdalena.

Y sobre la la compañía bananera, Enríquez comentó que había requerido de una búsqueda de archivo que permitiera darle precisión histórica a la masacre. «En el caso de la United Fruit Company, viajamos a Tulane y a Harvard, donde se conserva gran parte del archivo disponible, para recopilar fotografías, correspondencia oficial y registros históricos», dijo.

Todos estos elementos se reunieron para darle vida al pueblo que hoy llega nuevamente a darle vida en pantalla a la familia Buendía. Los primeros siete episodios de la temporada estarán disponibles desde hoy, 5 de agosto, y el gran final se estrenará el 26 del mismo mes.