«Rompecabezas en color»

Los muros de un clásico apartamento de los años setenta, de 240 m2, se cambiaron por divisiones virtuales que propician el encuentro de quienes habitan la casa.

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La sala, el comedor y el estudio generan un multiespacio con piso de algarrobo tratado con laca sueca. Además, se rescataron áreas y elementos paisajísticos del entorno como el parque que se aprecia desde cualquier ventana del apartamento. Se mantiene unidad conceptual entre los rojos y los violetas, aunque también integra primarios como el verde lo que lo convierte en un proyecto arriesgado en materia de color.

El blanco mitiga los acentos de color que hay en los muebles y con el fin de dar recogimiento al espacio abierto del salón principal se instaló una cortina elaborada en plástico de alta resistencia que evoca plantas blancas.

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El comedor está definido por su extremada limpieza sin ser minimalista. En el techo se destaca una lámpara de suspensión Artemide, que se convierte en un elemento escultórico.

En el estudio la ergonomía es el común denominador de los muebles. En la alcoba principal velos negros de Hunter Douglas filtran la luz y las pantallas en chapilla de las lámparas de Ligne Roset le dan un toque ecológico al ambiente.

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