Arquitectura para el espíritu

Este templo budista, situado en medio de un bosque y al lado de un río, busca que las personas e incluso la arquitectura encuentren un balance con la naturaleza, donde puedan coexistir en armonía.

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Las bases de la filosofía budista fueron el punto de partida para el diseño de este edificio, en especial la moderación y el balance con la naturaleza. La célebre firma china Arch Studio, encabezada por el arquitecto Han Wen-Qiang, creó un lugar para la meditación, el pensamiento y la contemplación, con un estilo sofisticado y minimalista que privilegia la conexión con los elementos naturales. El planteamiento de este templo situado en medio de un bosque y a la orilla de un río cerca de Tangshan, en la provincia de Hebei, China, está basado en la conexión entre la tierra y el agua a través de la arquitectura. La estructura, parcialmente escondida bajo un montículo de tierra existente, parece como si estuviera enterrada en el paisaje.

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Una premisa budista en el corazón de este proyecto fue causar el mínimo impacto al entorno, por eso integraron los árboles existentes al esquema. Asimismo, la planta tiene forma de rama, cada una representa cinco espacios independientes –acceso principal, zona de meditación budista, salón de té, sala de estar y área de baño–, unidos por una circulación y creados a partir de dos ejes: uno de norte a sur y otro a lo largo del río. La entrada es el comienzo de la experiencia. El acceso está franqueado por dos árboles y para ingresar hay que caminar por un sendero protegido por sus ramas. El santuario está hacia el interior y frente al río, donde la luz y la sombra de los árboles entran por las diferentes claraboyas e iluminan suavemente los espacios interiores. Uno de los espacios más notables es el salón de té, por su carácter ritual, su vínculo estrecho con la meditación y la contemplación del paisaje. Este ambiente se abre completamente a un patio interior, con vista hacia una fuente llena de lotos. Detrás de esta se halla un jardín. Además, está separado de otras áreas gracias a una partición de bambú que permite variar el programa durante el día.

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La relación con la naturaleza se extiende hasta el uso de diferentes materiales. Las paredes y el techo fueron construidos en concreto, con formaletas hechas en pino de tres centímetros de ancho. De esta manera, los arquitectos buscaron imprimir en las superficies interiores la veta de la madera junto con una pronunciada textura lineal, creando una sensación suave y cálida que contrasta con el característico frío del hormigón. La mayor parte de la estructura está cubierta con tierra y solo las claraboyas y ventanas se abren sobre el terreno. El mobiliario fue diseñado especialmente por Arch Studio para mezclarse con las paredes. A fin de cumplir este objetivo, las bancas fueron hechas a la medida con tiras de madera, cuya forma natural y color gris complementan los muros de concreto. El piso interior fue construido con terrazo de piedra y cemento, en esta ocasión con un grano muy fino que conecta la textura del piso con el paisaje natural del exterior. El zen, una de las escuelas budistas más importantes en Occidente, hace hincapié en encontrar un balance con la naturaleza, entendiendo que somos parte de ella. Esta es también la meta del diseño de este espacio, aprovechando las características del terreno para, a través de la arquitectura, estimular la percepción humana. En palabras de los arquitectos, “ayudando al hombre y al edificio a encontrar el encanto de la naturaleza para así poder coexistir con ella”.

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