Revista Axxis
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Una de las primeras enseñanzas que recibe todo estudiante de arquitectura es la sentencia del arquitecto estadounidense Louis Sullivan: la forma sigue la función. Esa idea, heredada del proyecto moderno, sigue operando como reflejo en buena parte de la disciplina y hace que cada decisión formal se justifique por un asunto relativo al programa, al uso o a una necesidad que hay que resolver. Pero la forma también puede responder a otro tipo de estímulo. En esta casa que Yemail Arquitectura, estudio bogotano dirigido por Antonio Yemail, diseñó en Cachipay (Cundinamarca) la forma sigue al lugar.

El proyecto forma parte de La Nola, un desarrollo cultural en una finca de bosque tropical de alta montaña con un clima templado. Es por esto por lo que tres condiciones del terreno definen la geometría de la casa, tanto en planta como en sección.

El bosque espeso sobre la colina y la quebrada que lo atraviesa —con un guadual en su cuenca— definen el emplazamiento de la estructura, mientras un lago cercano se convierte en el paisaje en primer plano al que se abre la arquitectura. Finalmente, se incorporó una roca en el lote para animar la secuencia del acceso que, junto a uno de los muros que se sueltan del volumen, configura una especie de túnel-jardín antes de entrar.

Así, los quiebres de la planta son una forma de diálogo que la arquitectura entabla con el entorno. La casa no se resuelve como una barra única sino como un cuerpo que se contorsiona, en busca del lugar. La sección, por su parte, promueve la diversidad espacial mediante el movimiento de las cubiertas, que orientan la vista, captan la luz del sol y enmarcan el cielo. En los puntos donde los planos de techo cambian de dirección, aparece una ventana superior que introduce luz cenital sobre los espacios sociales.

Un cilindro de ladrillo sobresale en altura y ancla la casa al suelo. Desde ahí, la construcción se levanta sin tocar la pendiente original del terreno y se define como una arquitectura palafítica para liberar la topografía. Dentro del cilindro, una escalera conecta las estancias con la cubierta habitable, pensada para el reencuentro con el paisaje y con el cielo nocturno. Esta atipicidad vertical dentro de la composición genera, además, el acceso a la vivienda y rompe la horizontalidad del proyecto.

Por su parte, el acto de acceder se vincula a la idea de promenade architecturale —paseo arquitectónico— propia de la arquitectura moderna de principios y mediados del siglo XX, especialmente del arquitecto suizo Le Corbusier.

La secuencia involucra primero el muro exterior de ladrillo perforado, que filtra la luz sobre el camino de acceso; luego la roca, que la arquitectura no remueve sino que incorpora como umbral, y finalmente la espacialidad atípica del tambor, un espacio curvo y comprimido que hace las veces de vestíbulo y descarga hacia la sala, la cocina y las zonas de estar.
Sobre el diseño de la casa
La materialidad de la casa está definida por el ladrillo a la vista, dispuesto en aparejos que alternan tonos y diferentes rugosidades, que la ancla a la tradición constructiva de la vivienda de montaña bogotana. En el interior, el mismo material reviste muros y pisos, mientras las cubiertas de concreto expuesto dejan ver la estructura de vigas inclinadas que organizan la sección. El uso intensivo del ladrillo y el concreto alinea la obra con una cultura técnica artesanal, de mampuestos y vaciados, y la aleja de las construcciones industrializadas modulares y serializadas.

Si los quiebres de la volumetría persiguen los atributos del paisaje, la planta de la casa se resuelve de manera pragmática. Dos alcobas se ubican a los extremos y se vinculan mediante una zona social central, cuyo contorno define el área de cocina y la sala. El remate es una terraza cubierta que ofrece una estancia entre el afuera y el adentro. La escalera, que finaliza en cubierta, tiene un espacio de estudio que aparece a media altura.

Esta obra es parte de una serie de proyectos de Yemail, donde se explora la forma en la que los arquetipos arquitectónicos se pueden reinterpretar; la casa con techo a dos aguas, la plataforma levantada en palafitos y el muro de ladrillo son aquí las palabras con las que se construye una prosa arquitectónica que nos es familiar y nueva al mismo tiempo. La forma puede seguir la función, pero también puede ser el vehículo para que la condición utilitaria, inherente al espacio habitable, se enriquezca. Esta vivienda es un testimonio de esto.

Cinco puntos para destacar
1. El bosque de la colina, una roca del lote y un lago cercano son las tres condiciones del terreno que definen la geometría de la casa en planta y en sección.
2. Un cilindro de ladrillo ancla la construcción al suelo y permite que el resto de la vivienda se levante en palafitos, sin tocar la pendiente original del terreno.
3. El acceso se resuelve como una secuencia que atraviesa un muro de ladrillo perforado, incorpora una roca existente como umbral y desemboca en la espacialidad curva de un tambor.
4. El ladrillo a la vista y el concreto expuesto vinculan la obra a una cultura constructiva artesanal, de mampuestos y vaciados, alejada de los sistemas industrializados y modulares.
5. La casa es parte de una serie de proyectos de Yemail que reinterpretan arquetipos como el techo a dos aguas, la plataforma en palafitos y el muro de ladrillo.
