Revista Axxis
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Ubicada en República Checa y diseñada por la firma Mimosa Architects, esta cabaña ligera en madera se posa sobre el paisaje, reinterpretando el pasado y proponiendo una forma distinta de habitar el presente.

Elevada sobre el antiguo zócalo, la nueva estructura no solo recupera la memoria del sitio, sino que se protege de las crecidas del río y ofrece una perspectiva privilegiada del entorno.
Desde allí, el Sázava se despliega con otra escala: más cercano, más silencioso, proponiendo una intimidad especial. Basta con abrir la contraventana orientada hacia el agua para que el sonido del río, el susurro de los pinos y el vuelo de los martines pescadores definan la experiencia.

La cabaña propone un modo de vida. Aquí, el programa se reduce a lo esencial, encender la estufa, cocinar al fuego, conversar sin prisa, mirar el paisaje. De esta forma el proyecto busca disfrutar de la experiencia cotidiana.
El diseño de la cabaña
El espacio principal, que abarca toda la altura de la cabaña, actúa como un gran ambiente común donde se desarrolla la vida. Desde este punto, la arquitectura conecta dos mundos: hacia el frente, el río; hacia atrás, los acantilados que enmarcan el valle y recuerdan la estrechez del Sázava en este tramo.

Por la noche, el recorrido hacia el pequeño dormitorio del ático transforma la percepción. El horizonte del río desaparece y, en su lugar, emerge la presencia de la roca.
Materiales que dialogan con el clima y el paso del tiempo
La obra se construye como un contraste preciso entre lo pesado y lo liviano. Sobre el basamento de piedra, una estructura de madera define el volumen principal. En el interior, paneles de abeto generan una atmósfera cálida, mientras que en el exterior, los tablones de alerce carbonizados aportan resistencia y carácter.

Hacia la pendiente posterior, una envolvente metálica desciende desde la cubierta, protegiendo la cabaña de la humedad y reforzando su durabilidad. La paleta de materiales —madera en tonos naturales y negro profundo— unifica el proyecto y crea una continuidad visual que se extiende hacia el interior.

Dentro de la cabaña, los límites se diluyen. El espacio se percibe como una “cueva” contemporánea: envolvente, cálida y silenciosa. El negro de la estufa de leña, la escalera y los elementos estructurales prolonga la lógica exterior, generando una narrativa coherente donde el fuego sigue siendo protagonista.

Las áreas privadas se reducen al mínimo. En la planta superior, pequeños espacios para dormir liberan el resto de la cabaña, reafirmando la idea de que el verdadero valor está en lo compartido.

El suelo de linóleo natural permite una transición fluida entre interior y exterior, reforzando la sensación de continuidad. Aquí, cada elemento está pensado para facilitar el movimiento, la permanencia y el uso cotidiano sin artificios.
Autosuficiencia y desconexión: habitar con lo necesario
La cabaña funciona casi de manera autónoma. El agua se obtiene de un pozo en la propiedad, las aguas residuales se almacenan en un depósito integrado al zócalo y la calefacción se resuelve mediante una estufa de leña complementada por sistemas eléctricos.

Este enfoque no responde únicamente a una lógica técnica, sino a una intención clara: reducir la dependencia de sistemas complejos y permitir una relación más directa con el entorno.
La fachada principal, completamente acristalada, establece una relación directa con el río. Frente a ella, una terraza elevada extiende el espacio hacia el exterior, ofreciendo vistas amplias sin entrar en contacto directo con el suelo.

Sin embargo, la vivienda también sabe cerrarse. Una persiana plegable permite protegerla del sol intenso o resguardarse cuando no está habitada. En ese momento, el refugio se transforma en una caja hermética casi invisible. Hasta que alguien regrese, abra la contraventana y deje que el sonido del río vuelva a llenar el espacio.
