Las oficinas de Agrosemillas se ubican en un paisaje agroindustrial definido por la escala de los grandes vehículos, las infraestructuras logísticas y los procesos de producción, más que por la escala de las personas. El complejo se ubica junto a una carretera nacional que lo separa de la pequeña localidad de El Peral, España, un municipio de 660 habitantes, y está rodeado de extensos campos agrícolas con escasas referencias inmediatas.

El carácter del lugar surge tanto de esta condición territorial como de un clima definido por fuertes contrastes estacionales y recurrentes episodios de lluvias torrenciales. Los ritmos de trabajo siguen los ciclos de la cosecha, alternando periodos de calma con fases de actividad continua.

En este contexto, el proyecto, por la firma Impepinable Studio, aborda la necesidad de introducir espacios de trabajo capaces de favorecer la concentración, las reuniones y el desarrollo técnico en un entorno dominado por el ruido, el polvo y la intensidad logística. El edificio alberga una amplia gama de usuarios, desde operarios de almacén hasta ingenieros dedicados a la investigación y la innovación, cuyas tareas y horarios cambian a lo largo del año.

Por lo tanto, las oficinas debían ser lo suficientemente flexibles como para albergar diferentes formas de trabajo, manteniendo una clara organización espacial. Al mismo tiempo, se requería mantener una relación directa con las naves circundantes, estableciendo cierta continuidad formal con el complejo industrial.

De este modo, el nuevo edificio se concibe como una oportunidad estratégica para acompañar la transformación continua de la empresa. Agrosemillas, históricamente vinculada a la producción de semillas, entra en una nueva etapa centrada en la innovación tecnológica y la responsabilidad ambiental.
El diseño de las oficinas
La arquitectura se conecta explícitamente con este momento de transición, equilibrando la continuidad con el legado existente de la empresa a la vez que introduce una identidad más abierta, juvenil e informal. Esta actitud se expresa mediante el uso sin complejos de los colores corporativos de la empresa —verde y amarillo— aplicados directamente en todo el edificio.

Las fachadas están marcadas por un número limitado de grandes aberturas circulares, protegidas por persianas circulares de accionamiento manual que actúan casi como interruptores, permitiendo que el edificio se abra o se cierre a su entorno.

Las oficinas se construyeron simultáneamente con más de 4.500 m² de nuevas instalaciones de producción y almacenamiento, compartiendo sistemas de construcción, materiales y oficios de construcción. El proyecto se apoya deliberadamente en las habilidades disponibles en el contexto inmediato: artesanos locales del pueblo, como el herrero y el fontanero, junto con encofradores del pueblo vecino y los equipos de construcción industrial que suelen trabajar en la región. Esta confianza en la experiencia local resultó decisiva para las decisiones técnicas del proyecto y refuerza un enfoque arquitectónico deliberadamente austero.

Espacialmente, la obra se organiza mediante un sistema claro y repetible. Cuatro contenedores de transporte reutilizados, abiertos por dos de sus lados, descansan sobre un zócalo de hormigón compartido con las naves industriales adyacentes.

Su disposición genera un perfil de cubierta en dientes de sierra que funciona como una secuencia de lucernarios, aportando una luz natural suave y uniforme al interior y creando una atmósfera espacial sorprendentemente rica. La orientación norte de los planos abiertos garantiza una entrada constante y controlada de luz natural.

Perpendiculares a esta secuencia, tres bandas estructuran la planta en un orden reticular: una dedicada a espacios de trabajo abiertos, otra a áreas de servicio y una tercera a salas de reuniones y laboratorios. Las entradas se separan según los flujos logísticos y de trabajo, mientras que las superficies intermedias de la cubierta incorporan franjas para cultivos experimentales, conectando físicamente la investigación, la producción y la arquitectura en un único marco.

El edificio funciona, en definitiva, como una infraestructura de trabajo precisa y sobria: una arquitectura que surge de los sistemas, del uso y de las personas cuyo conocimiento y trabajo la hacen posible.
