Revista Axxis
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Hablar de Rogelio Salmona es hablar, en buena medida, de Bogotá. De sus cerros, de sus calles, del ladrillo y de una ciudad que encontró en su arquitectura una manera particular de ser reconocida.
Nació en París, Francia, en 1927 y falleció en Bogotá en 2007. Salmona inició sus estudios de arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia. En 1948 viajó a Francia, donde trabajó durante varios años en el estudio de Le Corbusier, lo que marcó un punto importante en su carrera. Al regresar a Colombia, comenzó a desarrollar una arquitectura propia, cada vez más vinculada con el territorio, la historia y las condiciones particulares del país.

Su aporte radica en la transformación de cómo se entienden los espacios, tomó algunas de las ideas de la arquitectura moderna que había conocido en Europa y las reinterpretó desde Colombia. De esta forma, en lugar de diseñar modelos internacionales, buscó una arquitectura que pudiera responder al lugar donde estaba construida.
Entender la arquitectura de Salmona
Para Salmona, la arquitectura no podía entenderse como un objeto aislado. Un edificio debía relacionarse con su entorno, con la topografía, con el clima, con la historia y, sobre todo, con quienes lo habitarían.
De ahí surge una de las características más reconocibles de su obra: el recorrido. Por ejemplo, escaleras, rampas, patios, corredores, terrazas y plazas construyen una secuencia de espacios que invita a caminar y descubrir.

Asimismo, el patio se convirtió en uno de sus recursos fundamentales. Salmona lo estudió como un espacio capaz de organizar la vida alrededor de un vacío, generar encuentros y establecer relaciones entre interior y exterior. También está la importancia del agua dentro de sus proyectos. Espejos, canales y fuentes aparecen en diferentes obras como elementos que aportan sonido, reflejo y movimiento.

Esta exploración aparece en proyectos residenciales y alcanza una particular complejidad en obras como la Casa de Huéspedes Ilustres, el Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán o el Eje Ambiental de Bogotá.
El ladrillo como identidad
La relación de Salmona con el uso del ladrillo en sus obras, le permitió establecer una conexión con una tradición constructiva arraigada en Bogotá. Este material cotidiano adquirió una enorme capacidad expresiva, se convirtió en uno de los elementos que ayudaron a definir una arquitectura moderna colombiana.

En la Biblioteca Virgilio Barco, por ejemplo, el edificio y el paisaje fueron concebidos como una experiencia conjunta. El proyecto transformó un antiguo lugar de disposición de escombros en un parque que permite recuperar visualmente la relación con los cerros de Bogotá.

Acá se aprecian elementos como taludes, jardines, espejos de agua y recorridos que conducen al visitante hacia la biblioteca y hacen que el paisaje sea parte esencial de la obra.
Construir relación con la ciudad
Uno de los mayores aportes de Salmona a Colombia fue entender que la arquitectura podía ser también una herramienta para construir espacio público. Esto resulta evidente en las Torres del Parque, construidas entre 1964 y 1970 junto al Parque de la Independencia y la Plaza de Toros de Santamaría. El proyecto, formado por tres edificios de geometría radial y volumetría escalonada, fue polémico en su momento, pero terminó convirtiéndose en una de las obras más representativas de Bogotá.

En lugar de concebir esta obra como un conjunto cerrado sobre sí mismo, Salmona trabajó el espacio entre los edificios: plazas, recorridos, jardines y conexiones con el entorno. Para el arquitecto, diseñar una casa no significaba únicamente resolver dónde dormir, cocinar o estar. Significaba preguntarse cómo esas viviendas podían participar en la construcción de una ciudad más amable.

La trayectoria de Salmona dejó algunos de los edificios más reconocibles de la arquitectura colombiana. Además de las Torres del Parque, Casa de Huéspedes Ilustres o el Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán, también están obras importantes como el Archivo General de la Nación, el conjunto de Nueva Santa Fe, el Museo del Oro Quimbaya, en Armenia, ganador del Premio Nacional de Arquitectura de 1988; y el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en el centro histórico de Bogotá.
También hacen parte fundamental de su trayectoria la Casa Alba, la Casa Franm, el conjunto de apartamentos El Polo —realizado junto con Guillermo Bermúdez— y diferentes edificios universitarios, institucionales y residenciales considerados bienes de interés cultural y patrimonio arquitectónico.
¿Por qué Salmona sigue siendo importante?
El aporte del arquitecto está en haber entendido que la arquitectura tiene la capacidad de construir relaciones entre las personas y la ciudad, por eso sus edificios siguen siendo relevantes décadas después de haber sido construidos.

Entonces, su legado es entender que una plaza puede ser tan importante como el edificio que la rodea, que un patio puede convertirse en el corazón de una vivienda o que una escalera puede ser parte de una experiencia y no únicamente un elemento funcional.
