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Revista Axxis
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Sarmaşık 41 es un edificio comercial de seis plantas con una superficie total de 1400 metros cuadrados, situado en la periferia occidental de la Zona Industrial Organizada de Dudullu, el corazón industrial de la parte asiática de Estambul. El objetivo principal del proyecto, realizado por la firma Aytac Architects, es funcionar como un centro dinámico donde el pensamiento creativo y la innovación puedan florecer en la intersección del arte y la artesanía.

Dudullu, donde se ubica el edificio, ocupa un lugar significativo en la memoria rural e industrial de Estambul. Hasta la década de 1960, la región se distinguía como uno de los últimos enclaves rurales no urbanizados en la periferia de la ciudad.

Sin embargo, con la ola de industrialización, experimentó una drástica transformación, pasando de ser un paisaje rural a una zona industrial para satisfacer las demandas productivas de la metrópolis. Hoy en día, impulsada por el rápido crecimiento urbano y los procesos de transformación, esta antigua periferia industrial se ha integrado directamente al tejido urbano, convirtiéndose en parte inseparable de la estructura metropolitana.
La inspiración de la obra
La configuración formal de Sarmaşık 41 refleja directamente la morfología urbana de la calle Sarmaşık y sus alrededores inmediatos. Análisis morfológicos exhaustivos revelaron que un antiguo cauce, que fluía desde la colina Dudullu al norte hasta el mar de Mármara, influyó de manera imperceptible en la geometría del trazado urbano actual.

Si bien la intensa urbanización borró las huellas rurales a lo largo de este corredor natural que conectaba el centro de la ciudad con la zona industrial, la memoria geográfica no se ha borrado por completo, pues la ciudad se estratifica siguiendo los caminos trazados por la naturaleza.

En este preciso punto, el edificio busca revivir la narrativa espacial perdida de la evolución de la región, desde un pasado rural hasta la realidad industrial actual, estableciendo un diálogo poético con su contexto. Para materializar este diálogo conceptual, el edificio adopta un nuevo género de estética industrial que sintetiza la memoria urbana con la producción industrial.
Detalles sobre el diseño del edificio
El diseño toma como referencia principal la tipología del techo en sierra, el elemento arquitectónico más característico de las instalaciones industriales históricas. En lugar de limitar este sistema de techo tradicional únicamente al plano horizontal, el proyecto lo integra de forma innovadora en toda la envolvente del edificio. Este ritmo geométrico, que comienza en el techo, se extiende por las fachadas, dando lugar a una piel del edificio integral y dinámica.

Para maximizar el confort que proporciona la luz natural, el sistema de cubierta en forma de sierra está orientado directamente al norte. La discrepancia angular entre esta orientación norte y la masa del edificio — que se sitúa paralela a la trama urbana existente — genera un movimiento torsional descendente en espiral a lo largo de la superficie.

Esta geometría de la cubierta se integra fluidamente con la fachada, creando superficies onduladas que permiten una distribución uniforme de la luz natural filtrada en todas las plantas. Si bien estas ondulaciones de la fachada posibilitan la entrada controlada de luz al interior, a la vez establecen una barrera de privacidad dinámica entre el entorno urbano y el interior. El edificio se sitúa en la intersección del contexto «natural» y el «construido culturalmente», fomentando un nuevo diálogo con su entorno.

El movimiento torsional que da forma a la envolvente del edificio se fractura al llegar a la fachada lateral, rompiendo la superficie para generar balcones distintivos que funcionan como extensiones espaciales únicas en cada piso.
Creando un ritmo asimétrico a lo largo de la fachada, estas superficies operables en forma de L y T encarnan una dualidad atemporal: mientras que su presencia estática y formal evoca esculturas prehistóricas, monolíticas y antropomórficas, su operatividad las transforma en instalaciones cinéticas contemporáneas.

Este contraste intencional establece un puente temporal entre la antigua memoria rural de Dudullu y su visión industrial orientada al futuro. Al desplegarse, estos elementos escultóricos se transforman en armazones industriales funcionales que facilitan la carga de materia prima, llevando la intersección del arte y la artesanía directamente a la experiencia de la fachada.

Materiales empleados en el proyecto
La estructura de titanio y zinc del edificio Sarmaşık 41, seccionada para revelar su interior, se desliza sobre la masa como una tela; al tiempo que insinúa los espacios que alberga, crea una sensación de misterio. Más allá de su valor estético, esta piel metálica actúa como un escudo, funcionando como una jaula de Faraday que protege la estructura de la radiación electromagnética (CEM).

Al aislar el edificio de fuentes de radiación externas, esta envoltura protectora proporciona una infraestructura tecnológica para prevenir interferencias electrónicas, proteger datos inalámbricos confidenciales y crear un entorno de trabajo seguro y con aislamiento electromagnético en el interior.

Para garantizar la continuidad operativa tras un desastre (resiliencia sísmica), la robusta masa de hormigón armado y el núcleo rígido, diseñados con un factor de importancia constructiva de 1,5, adquieren una ligereza imperceptible desde el exterior gracias a esta fluida piel del edificio.

Este núcleo central, que soporta todas las cargas sísmicas, no es meramente un elemento estructural, sino la columna vertebral principal que rige la circulación horizontal y vertical de los usuarios. Los sistemas mecánicos del edificio también están integrados en este núcleo vertical, lo que proporciona la máxima flexibilidad espacial para adaptarse a diversos escenarios funcionales en las distintas plantas.
La experiencia de los interiores
El edificio está diseñado con una planta libre para adaptarse a las necesidades dinámicas y cambiantes de sus ocupantes. Las losas de los pisos abarcan amplios espacios libres, eliminando por completo las columnas de carga interiores que, de otro modo, podrían restringir las posibles configuraciones de distribución. Esta libertad estructural permite a los usuarios configurar el interior de forma adaptativa mediante tabiques modulares o mantenerlo completamente abierto y fluido.

El edificio expone parcialmente su estructura interna, contrastando con el misterio de su exterior. Al dejar a la vista los sistemas estructurales y mecánicos, se genera un poderoso contraste entre la fachada y el interior. Si bien esta exposición industrial representa la esencia artesanal y orientada a la producción del proyecto, al acceder al núcleo central se produce un marcado cambio artístico. Del mismo modo que un rayo de luz se descompone en un espectro de colores al atravesar un prisma, la circulación y las escaleras del núcleo se transforman en un vibrante viaje a través de los colores.

Los espacios de circulación, que en los edificios convencionales suelen ser puramente funcionales, utilitarios y monótonos, se convierten en los puntos de referencia más vívidos, interactivos y experienciales de Sarmaşık 41, celebrando la intersección espacial del arte y la artesanía.