Revista Axxis
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Históricamente, los espacios de bienestar han sido programas secundarios: locales en planta baja, interiorismo neutro y poca ambición espacial. Amada, un centro de cuidado del cabello, ubicado en Bogotá (carrera 11a # 96-51) y diseñado por Bassa Studio —firma liderada por Rodrigo Jiménez y Jorge Fonseca—, toma el camino opuesto.

El proyecto transforma un local de primer piso en un lugar de geometría cavernosa que opera simultáneamente como santuario interior y vitrina hacia la ciudad.

El proyecto se define a partir de una geometría curva. No como gesto decorativo, sino como sistema que organiza el espacio desde la planta hasta la sección. Los muros se doblan, los arcos establecen umbrales entre zonas y el cielo se ondula en planos continuos, interrumpidos por óvalos de luz indirecta.

La geometría propuesta no se detiene en la escala arquitectónica, sino que hace eco en el mobiliario —la recepción, las mesas, los pedestales—, todo modelado con el mismo lenguaje, como si emergiera de la misma masa construida. El resultado es un interior sin esquinas, sin aristas rectas, donde la envolvente define el carácter antes que los objetos que contiene.
Más sobre la propuesta de Bassa Studio
La monocromía refuerza esa condición. Pisos, muros, cielos y sillas fijas comparten un tono situado entre el terracota y el palo de rosa. La paleta no varía entre superficies ni entre escalas. Esta decisión elimina la lectura del espacio como suma de elementos y lo convierte en un volumen continuo, donde lo que importa es la forma, no el material. Sobre ese fondo uniforme, la vegetación —en materas terracota naranja— y los muebles —de madera natural— funcionan como puntos de contraste precisos.

La iluminación refuerza la distinción programática. Las zonas de trabajo —peluquería y lavado— reciben luz directa y focalizada. Las áreas de espera y relajación se resuelven con luz indirecta, contenida en los óvalos del cielo y en nichos de las paredes. Esta diferenciación no es solo funcional: construye dos atmósferas dentro de un mismo recinto, sin necesidad de separaciones físicas entre ellas.

Hacia la calle, el local se cierra con una fachada de vidrio de piso a cielo. Desde afuera, el interior cálido y curvo contrasta con la ortogonalidad del edificio que lo contiene. La fachada convierte el proyecto en una vitrina que expone su propio carácter, sin mediación alguna.

Adentro, esa misma apertura conecta las zonas de espera con el jardín exterior, diluyendo el límite entre refugio e interior urbano.
Instagram: @bassastudio
