Situada a orillas del lago Memphremagog, en la región de Potton, esta casa se integra en un paisaje de gran intensidad geográfica y atmosférica. El emplazamiento, definido por una pendiente pronunciada que desciende hacia una estrecha franja lacustre, suele quedar oculto por las sombras proyectadas por los árboles circundantes, creando una atmósfera a la vez arcaica y contemplativa.

El enfoque arquitectónico de esta obra, por la firma yh2, se basa en una lógica de repliegue, no como una eliminación, sino como una estrategia para suavizar la presencia construida. Dos volúmenes distintos pero interrelacionados emergen del suelo en una disposición fragmentada.

Detalles del diseño de la casa

Cada uno está coronado por un tejado a dos aguas (inclinación y contrainclinación), una solución morfológica que establece un sutil diálogo con las líneas del paisaje, a la vez que reduce la escala percibida del edificio.

La cubierta del volumen principal se convierte en un espacio esencial: un mirador que funciona simultáneamente como umbral, área de recepción y punto de fuga visual. Este plano horizontal, poco común en un terreno con una pendiente pronunciada, actúa como una bisagra entre arquitectura y paisaje, entre la experiencia del terreno y la proyección hacia la distancia. Introduce una dimensión en el acto de habitar, donde el acceso a la arquitectura se produce a través de una pausa contemplativa.

El volumen principal se organiza según una lógica longitudinal, siguiendo la terraza natural del terreno sin alterarlo excesivamente. Esta disposición topográfica permite una inserción sutil, casi imperceptible, que enfatiza una forma de pasividad constructiva.

Los espacios interiores, orientados hacia el lago a través de amplias aberturas acristaladas, disuelven la frontera entre interior y exterior. Mediante su extensión hacia los balcones exteriores, los pisos se convierten en mediadores, orquestando una porosidad espacial entre la vivienda y el paisaje, donde los umbrales se desvanecen en favor de una continuidad perceptiva.

Los dos volúmenes superiores, de formas alargadas, se dan la espalda entre sí, orientándose respectivamente hacia el lago y la montaña. Los dormitorios que albergan se encuentran integrados en el paisaje arbolado, enmarcando la vegetación como un cuadro vivo.

La organización espacial, influenciada directamente por la topografía del terreno, genera una secuencia de circulación invertida. El acceso se realiza desde arriba, con vistas al lago, mientras que los espacios habitables se asientan en contacto con el suelo, apoyándose en la pendiente dentro de la intimidad del lugar.

En respuesta a la expresividad del lugar, la estructura de madera a la vista se deja en su estado natural. Marca el recorrido por la casa y actúa como hilo conductor a lo largo de toda la experiencia.

Por otro lado, la materialidad también contribuye a este lenguaje contextual. La base de la casa, en contacto con la roca natural, está construida con hormigón vertido in situ. Por el contrario, el revestimiento exterior de cedro natural, que se deja envejecer con el tiempo, armoniza cromáticamente con las texturas vegetales y minerales del lugar.

En el interior, el roble blanco reintroduce una sensación de calidez —casi hogareña— en contraste con la naturaleza rústica del exterior. Los elementos negros —marcos, aberturas, detalles— funcionan como recursos de encuadre, extendiendo el concepto de paisaje como imagen y profundidad según una lógica casi pictórica.

En última instancia, el proyecto puede entenderse como una meditación arquitectónica sobre el paisaje: ni pastiche ni ruptura, sino una tensión controlada entre visibilidad y retranqueo; entre afirmación arquitectónica e integración armoniosa.

Cuestiona cómo la arquitectura puede habitar un lugar no como un objeto, sino como una condición para experimentar el espacio: una arquitectura de sustracción que revela más de lo que impone.
