Revista Axxis
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Al llegar a este lugar, el paisaje se revela con una intensidad difícil de describir. El mar se convierte en un horizonte infinito, mientras que una porción de selva ocupa el sitio con una presencia casi sagrada. Luz, flores, piedras, árboles e innumerables seres vivos se unen para crear una experiencia que existe incluso antes de la arquitectura.

En estas condiciones, la arquitectura no puede entenderse como un objeto independiente del paisaje, sino como una forma de establecer una relación con él. La respuesta fue reducir el diseño a sus elementos esenciales.
Un suelo. Un techo. Una sombra.

Esta casa, diseñada por la firma HW Studio, busca la sencillez de una enramada: un refugio simple bajo un dosel. No como una imagen de la arquitectura tradicional, sino como una condición elemental de habitar: estar bajo la sombra, protegido de la lluvia y el sol, mientras el paisaje vive a su alrededor.

El horizonte no es una vista ubicada dentro de la vivienda. Es la condición que concibe la obra. El terreno prolonga esta relación con el lugar. Su color y textura evocan la arena de la playa, como si el proyecto hubiera encontrado la manera de prolongarla bajo la sombra del tejado. La materialidad no busca representar el paisaje, sino establecer una continuidad sensorial con él. La arquitectura se experimenta primero a través de los pies, antes de ser comprendida a través de los ojos.

El blanco de las paredes, por su parte, se inspira en las flores blancas de los nueve árboles de Cacalosúchil que rodean la casa. De esta manera, la arquitectura se nutre de dos elementos del lugar: la tierra y el color. Pero esta relación con el paisaje no se revela de inmediato.
Detalles del diseño de la casa
Desde la calle, la casa se presenta como una masa blanca contenida, flanqueada por un único muro curvo de hormigón. Su trazado sigue la carretera y establece un límite entre la calle y la casa. A medida que se avanza, la vegetación, las piedras y la topografía intensifican una actitud defensiva cada vez más marcada hacia la calle, permitiendo que la casa permanezca oculta hasta que uno decide atravesarla.

El sendero conduce a un patio circular rodeado de muros blancos. Allí, el paisaje reaparece por encima de los muros. La arquitectura comienza a perder su función de límite y se convierte, en cambio, en una forma de dirigir la mirada y el cuerpo hacia la belleza de la naturaleza circundante.

Este gran vacío circular elimina una parte de la masa construida. El muro deja de ser una superficie continua para convertirse en un borde. A través de él, el cielo, la luz del sol y las copas de los árboles penetran en la experiencia interior.

El proyecto se organiza, por lo tanto, en torno a una transición: de la calle al refugio, del refugio al patio, del patio al paisaje. La arquitectura comienza como una masa que protege y termina como una estructura que apenas proyecta una sombra ante el horizonte.

Entre estas dos condiciones se encuentran los espacios de la casa. El proyecto no busca reproducir la naturaleza, ni fundirse completamente con ella. Busca construir una relación precisa con el terreno mediante unas pocas operaciones: contener, atravesar, sustraer y abrir. La casa se entiende, en última instancia, como un equilibrio entre materia y vacío. La masa blanca protege. El muro guía. El vacío permite que el paisaje penetre. El techo ofrece sombra. Y el horizonte permanece.
