Revista Axxis
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El alcohol, una sustancia aceptada socialmente, no siempre lo fue: hubo un tiempo en el que Estados Unidos prohibió su producción y venta debido a una enmienda constitucional llamada Ley Volstead. No obstante, “hecha la ley, hecha la trampa”. La prohibición, en lugar de eliminar el consumo, impulsó la creación de bares clandestinos durante las décadas de los veinte y treinta.

Dichos lugares, conocidos como speakeasies, compartían un conjunto de características que con el paso del tiempo definieron una estética particular, que consta de espacios ocultos en el interior de negocios lícitos —como almacenes, tiendas, restaurantes, etc.—, donde no solo se comerciaba alcohol, sino que, paradójicamente, convivían hombres y mujeres de diversas clases sociales, algo inusual para la época.

Así mismo, el carácter subrepticio de estos establecimientos resultó propicio para el desarrollo de varios géneros musicales, como el jazz, al igual que el despertar del ocio y la vida nocturna.

En la actualidad, metrópolis como Nueva York, Chicago y Los Ángeles han perpetuado el legado estético de los speakeasies a partir de la creación de bares y restaurantes inspirados en este concepto. Colombia, que hoy cuenta con ciudades de escala metropolitana, ha comenzado a ampliar su oferta gastronómica adoptando referencias foráneas como esta, que diversifican y dinamizan las culturas locales.

Muestra de esto es el bar-restaurante Cero Grados, cuya ubicación es anónima hasta que se haga una reserva. “Parte de su esencia es el anonimato, pero también el factor sorpresa, pues quienes lo conocen no alcanzan a imaginar dónde se encuentra. Es más: produce extrañeza, ya que está junto a una carnicería y para ingresar es necesario atravesar un cuarto frío”, explican Elisa Luque y Alejandra Serna, fundadoras de Alelí Home Decor, estudio de diseño encargado del proyecto.

Sobre el diseño del bar

Inspirándose en los speakeasies de principios del siglo XX, en este sitio se recrea una atmósfera íntima en la que la bohemia norteamericana se hace presente por medio de diferentes elementos, desde la paleta de colores oscuros —café, ocre, dorado, junto a verde y azul en tonos opacos— y materiales clásicos —como madera, bronce y terciopelo—, hasta la presencia de antigüedades, como un piano, libros, cuadros y baúles. “Llevamos diversos objetos antiguos, con el fin de potenciar la sensación de estar en un lugar de otro tiempo”, agregan.

Molduras en las paredes, espejos en los techos, luces cálidas y una chimenea complementan la estética clásica del bar. Pero eso no es todo: la música, al igual que en los speakeasies, es propia de la cultura del jazz. Se trata de un homenaje al arte, la arquitectura y el diseño de interiores, que transporta a otra época y pone de relieve la vigencia de su imaginario.
