Revista Axxis
Getting your Trinity Audio player ready... |
En 23 Living, la arquitectura trasciende su función como espacio de hospedaje para convertirse en una exploración de la identidad local. Inspirado en la geografía, la memoria y los elementos culturales del Valle de Aburrá, cada espacio invita a experimentar Medellín desde una perspectiva más íntima y consciente.
Ubicado en El Poblado, esta obra es una exploración arquitectónica sobre el territorio y la manera en que disfrutamos de los espacios y el paisaje. La respuesta está incluso en su nombre. El número 23 hace referencia a los 23 grados de inclinación de la Tierra respecto al sol, el fenómeno que da origen a la franja tropical del planeta.
A partir de allí nace una narrativa que atraviesa cada uno de los proyectos de la marca: la migración, los espacios sagrados, los gestos primitivos de la arquitectura y la relación ancestral entre el ser humano y su entorno.

“El 23 Hotel como marca está basado sobre un pilar fundamental: lo inherente al ser humano. Y dentro de eso, la migración hacia el trópico, esa necesidad casi natural de buscar el mar, la naturaleza y los espacios que nos conectan con nuestro origen”, explica Felipe Hoyos Montaña de Estudio Liberal.
Pero en 23 Living, se convierte en una obra más precisa, si el 23 Hotel exploraba el concepto del trópico en una dimensión amplia, este programa hace un acercamiento al Valle de Aburrá, convirtiéndose en protagonista. Este proyecto fue posible gracias al trabajo conjunto de las firmas Plan B y Ménsula constructores, la gerencia de Acrecer y la operación del equipo de Hoteles 23.
Sobre el diseño de 23 Living
La investigación del proyecto comenzó imaginando el valle como si fuera una torta. A partir de esto, Felipe Hoyos y Sara Restrepo, encargados del planteamiento del concepto e interiorismo, construyeron una narrativa espacial dividida en niveles: tierra, superficie, horizonte y cielo.
“Hicimos un zoom sobre el valle. Partimos el valle y empezamos a estudiar qué ocurría en cada una de esas capas para trasladarlo al edificio de una manera respetuosa”, cuenta Hoyos.
La experiencia inicia en los niveles inferiores, donde los parqueaderos evocan una dimensión casi cavernosa. Allí, la iluminación tenue y la materialidad pétrea buscan recordar que toda construcción tiene un origen bajo tierra.

Más arriba aparecen referencias a excavaciones arqueológicas, textiles prehispánicos y representaciones gráficas de los distintos sustratos del territorio. Elementos que se traducen en murales, señales y grabados.
Al llegar al lobby, el proyecto alcanza uno de los momentos más significativos y emocionantes. En este espacio se recrea la geografía del Valle de Aburrá a partir de sus quebradas y del río Medellín, entendidos no solo como accidentes geográficos sino como sistemas de orientación utilizados por los primeros habitantes del territorio.
“Encontramos que había formas de habitar el valle que estaban profundamente conectadas con el paisaje. Las quebradas, los cerros y el movimiento del sol eran puntos de referencia fundamentales. Esa investigación terminó convirtiéndose en arquitectura”.

Además, en 23 Living los números de cada piso están inspirados en sellos textiles encontrados en investigaciones arqueológicas. Las habitaciones incorporan símbolos de especies endémicas del valle, como el maíz, la palma o el mono.
Asimismo algunos espacios comunes incorporan referencias de los tres cerros que, según investigaciones históricas, conformaban una circunferencia ceremonial utilizada por antiguos habitantes de la región.
“Nos interesa que las personas descubran los detalles poco a poco. Queríamos construir una atmósfera que hablara del territorio sin necesidad de explicarlo todo”, comenta.
Los materiales usados
Para sentir el espacio como un lugar íntimo, se empleó concreto y piedra la cual 90% es importada, acentos metálicos y granito vaciado. Mientras que, para el interiorismo se empleó madera, cuero y textiles que hacen devoción a los tejidos de la cultura colombiana.
“Buscamos que los materiales fueran nobles. No nos gustaba la idea de que una lámpara tuviera la apariencia de cobre o un acabado que pareciera concreto. Queríamos que fuera 100 % el material real”.

La misma filosofía se extiende al interiorismo. Las habitaciones combinan materiales naturales con referencias al diseño Mid-Century, una elección que responde a la búsqueda de una estética atemporal.
Aunque gran parte del mobiliario fue diseñado exclusivamente para el proyecto, algunas piezas retoman elementos de referentes clásicos del diseño como una forma de homenaje a su legado, reinterpretándolos desde una perspectiva contemporánea e integrada a la identidad del proyecto.
La experiencia espacial en 23 Living también está construida desde la percepción física. Por ejemplo, la altura de los muebles, las texturas de los pisos, la iluminación indirecta y la relación entre las habitaciones y los baños, diseñados para generar una sensación de intimidad donde la desnudez se sintiera bien.

“Queríamos que el proyecto se sintiera como un refresco. Un lugar acogedor donde las personas quisieran quedarse más tiempo, recostarse, bajar el ritmo”.
Esto explica por qué en los espacios la luz nunca es protagonista de manera agresiva y el por qué los materiales invitan a tener una experiencia táctil constante. El granito bajo los pies, la piedra expuesta o los textiles inspirados en fibras naturales construyen la sensación de no querer salir del espacio.
Detalles únicos del proyecto
Pensado para viajeros con curiosidad por la cultura más que por la fiesta, 23 Living fue concebido como un ecosistema donde la gastronomía, el bienestar y el diseño se encuentran en un mismo lugar.
La propuesta reúne algunas de las experiencias más destacadas de Medellín, encabezadas por tres de los nombres más relevantes de la cocina latinoamericana: en el primer piso, Selma, liderado por el chef bogotano Álvaro Clavijo, reconocido en la lista Latin America’s 50 Best Restaurants, en el segundo nivel se ubica Bar-a-Van, del chef Jhon Zárate, mientras que en el rooftop abrirá sus puertas una propuesta del Grupo Carmen, uno de los referentes gastronómicos de la ciudad.

La oferta se complementa con un estudio de yoga y pilates, spa, gimnasio, Azul Selva, un espacio gastronómico, y un lobby café concebido como un lugar de encuentro cotidiano.
Cada uno de estos espacios busca estar habitado y ofrecer experiencias auténticas, invitando a los huéspedes a descubrir la riqueza de la gastronomía colombiana, conectar con la vida local y encontrar momentos de descanso dentro del mismo edificio.
Retos de la obra
Detrás de la serenidad de 23 Living hubo importantes desafíos técnicos y conceptuales. Por ejemplo, la excavación del terreno, que desciende varios niveles debido a la pronunciada topografía del sector o el alto nivel que se exigió en la construcción en concreto y piedra.
Uno de los mayores retos, sin embargo, fue desarrollar un concepto capaz de trascender las tendencias y mantenerse vigente en el tiempo, evitando caer en apropiaciones culturales superficiales.
“Este es un proyecto donde uno no sabe exactamente cómo va a quedar hasta que está finalizado. Existe una intuición, una sensación, pero muchas decisiones implican riesgos. Es ahí donde aparecen las cosas nuevas”, explica.

Después de más de cinco años de desarrollo, el resultado es un edificio que evita los lugares comunes de lujo para construir una experiencia más conectada con el territorio. Sus creadores lo describen como un proyecto amable y monumental.
Amable por la manera en que invita al descanso y el encuentro, y monumental por la fuerza de una propuesta que se despliega en 14 pisos y 19 apartamentos de distintas tipologías.
Aunque parte de su oferta aún está por completarse, 23 Living se consolida como una invitación a experimentar la ciudad desde la calma, descubriendo en cada detalle una nueva forma de relacionarse con el entorno.
