Revista Axxis
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Uno de los factores más determinantes en la forma como construimos es el clima. En el trópico, el sol, la lluvia y la humedad imponen condiciones que ninguna tradición local puede desconocer, y por eso las casas tropicales, sin importar el continente donde se levanten, terminan hablando un lenguaje común.

Ese lenguaje se reconoce en los espacios intermedios entre el interior y el exterior, en los aleros que protegen sin cerrar, en los zaguanes que filtran el paso, en los balcones y las terrazas que extienden la vida doméstica hacia el aire libre. La arquitectura tropical dialoga con el entorno para protegerse de sus embates pero al mismo tiempo fundirse en él, y esa conversación produce formas reconocibles, aunque su origen geográfico sea distinto.

Este proyecto, ubicado en Singapur, confirma esa continuidad. Su diseño estuvo a cargo de ArMo Design Studio, firma con sede en esa ciudad Estado, dirigida por los arquitectos colombianos María Arango y Diego Molina, quienes tras migrar a Singapur y trabajar en una compañía local decidieron fundar su propio estudio en 2021. Que dos arquitectos formados en el trópico colombiano terminen trabajando en el trópico asiático no es casualidad. Los recursos bioclimáticos que dominan la arquitectura tropical, sea cual sea su latitud, les resultan propios.

La vivienda se levanta sobre un lote de 1.400 metros cuadrados y tiene alrededor de 900 metros cuadrados construidos, para una familia integrada por los padres y dos hijas adultas a quienes les gusta socializar en casa y recibir invitados con frecuencia.

En el lote existía una vivienda que se demolió. La pendiente pronunciada del terreno condujo a una estrategia de emplazamiento en sección, con tres plantas a las que se accede por el piso intermedio, nivelado con la calle. Desde ahí se baja a las áreas sociales o se sube a la zona privada de alcobas, lo que produce una definición clara del programa doméstico.

El entorno es urbano, pero la cercanía de una reserva natural configura un telón de fondo hacia el que se orienta la casa desde la llegada. El car lobby se resolvió como un mirador cubierto por el volumen superior, apoyado en un muro grueso en forma de cuña, enchapado en travertino y perforado por un vano circular. Un espejo de agua remata el estacionamiento en el borde hacia el vacío y conecta la perspectiva con el bosque de la reserva. En este mismo nivel ubicaron un estudio y un recibidor, de modo que sea posible atender visitas sin necesidad de ingresar a la zona privada de la vivienda.

Ese momento de llegada, asociado a la desconexión y a la calma, propone entrar a la casa como un pequeño ritual, principio que se repite en otros proyectos de ArMo. Para Arango y Molina, este proyecto es un santuario; de ahí su nombre: Sanctum House.

La orientación norte-sur de la construcción evita la incidencia directa del sol naciente y poniente, y aprovecha en cambio los vientos favorables. Ventanas de gran formato, combinadas con vanos pequeños, garantizan la ventilación cruzada, mientras los voladizos que aparecen en la superposición de los volúmenes funcionan como aleros y controlan la ganancia solar. Estas estrategias pasivas se complementan con aire acondicionado.

Un jardín perimetral denso, con especies a distintas alturas, mitiga la relación directa con los vecinos colindantes y con una subestación eléctrica cercana, y garantiza privacidad tanto dentro de la casa como en el jardín privado, donde están la piscina, una terraza y una zona plana en grama.

Los materiales usados en esta casa
La materialidad responde a esta misma estrategia volumétrica. El nivel intermedio es casi inmaterial, resuelto solo con el muro de travertino y una caja de vidrio. El volumen superior es de concreto y se perfora hasta convertirse en un marco hacia el paisaje, con puertas vidrieras de doble vidrio y perfilería delgada.
El inferior, apoyado sobre la tierra, se construyó en ladrillo importado de Holanda, de color oscuro y piezas irregulares que generan rugosidad en los muros. La cubierta, aparentemente plana, es en realidad un techo de aluminio a cuatro aguas, pensado para evacuar las lluvias abundantes de Singapur y facilitar la instalación de paneles solares.

Adentro, la espacialidad es completamente moderna. Techos planos, ventanas corridas y relaciones cercanas y lejanas con el paisaje construyen una modernidad tropical. La cualidad monolítica del ladrillo y el concreto se suaviza con cielos en madera teca y pisos en roble estructurado en las habitaciones, mientras las áreas sociales se resuelven en piedra royal beige.

Al bajar desde el nivel de acceso aparece una cava de vinos que funciona como antesala de la zona social, servida por dos cocinas: una cerrada, para trabajo pesado, y otra abierta e integrada al comedor. La sala y el comedor se abren a una terraza lineal cubierta, intermedia entre el jardín y el interior.

El baño social es un recinto de luz controlada, con muros en listones de madera, conectado a una ducha exterior que sirve a la piscina. En este piso inferior también están el home theater y dos alcobas para huéspedes, cada una con jardín privado propio. En el tercer nivel, las habitaciones se agrupan alrededor de un family room y se orientan hacia la reserva, en la fachada opuesta a la calle.

Sanctum House demuestra que el clima, más que la cultura, define la arquitectura; por esa razón, una casa diseñada por arquitectos colombianos en Singapur puede hablar, con total naturalidad, el mismo lenguaje: el idioma construido del trópico.
Cinco puntos para destacar de esta obra
1. El acceso por el nivel intermedio, entre la zona social inferior y la privada superior, ordena con claridad el programa doméstico de la casa.
2. El muro de travertino en forma de cuña y el espejo de agua del car lobby convierten la llegada a la casa en un pequeño ritual antes de entrar.
3. La orientación norte-sur, la ventilación cruzada y los voladizos son las estrategias bioclimáticas pasivas que regulan el confort térmico de la vivienda.
4. Cada volumen tiene su propia materialidad, que se relaciona con el uso y el espacio interior.
5. El jardín perimetral, con especies a distintas alturas, protege la privacidad de la casa frente a los vecinos y una subestación eléctrica cercana.
