Revista Axxis
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El comercio moderno ha recurrido siempre a la vitrina como dispositivo de exhibición. Desde los escaparates decimonónicos hasta los gabinetes de curiosidades y las salas de los museos, mostrar ha significado disponer objetos ante una mirada que los reconoce como valiosos. La vitrina comercial hereda esa genealogía; no es un invento autónomo del retail, sino la derivación de un impulso más antiguo: exhibir para exaltar.

Exhibir mercancía no es solamente ponerla frente a los ojos de quien compra. Es una puesta en escena. Cada anaquel y cada corredor construyen un relato que antecede al objeto; la prenda se vuelve protagonista de una narrativa espacial que la excede.

La flagship store que el estudio MVRDV diseñó para la marca Urban Revivo en Sanlitun (Pekín, China), entiende la vitrina en estos términos ampliados. Sobre 4.120 metros cuadrados construidos, la firma holandesa traslada la lógica de la exhibición desde el interior hacia la fachada completa, el gesto expositivo más contundente del proyecto.

Sin embargo, esta fachada no exhibe a través de la transparencia. Son sus siete portales circulares, inspirados en las puertas lunares chinas, los que ofrecen vistas parciales hacia el interior, mientras que el grueso del paramento permanece opaco, cubierto por tejas y tubos de aluminio suspendidos, terminados en el azul de la marca, con un recubrimiento dicroico que, en este caso, oscila entre el púrpura y el azul, según el ángulo de incidencia de la luz.

El diseño de la fachada

La fachada hace eco de los tejados tradicionales de Pekín, por lo que MVRDV traduce ese principio constructivo en un lenguaje contemporáneo y hermana la identidad global de la marca con la memoria material de la ciudad que la recibe.

En el interior se desarrolla esta idea piso por piso. La planta baja recibe a los visitantes bajo el portal central, entre muros de ladrillo gris que recuerdan los hutongs —callejones tradicionales— de Pekín, superficie neutra que enmarca la ropa pero sin competir con ella.

Al ascender, los portales mutan del arco circular a vanos rectangulares con esquinas redondeadas y, en el último nivel, a una curva invertida; los materiales acompañan esa progresión, con superficies reflectantes en el primer piso, oscuras en el segundo y terciopelo cobalto en el tercero, reservado para el salón de compras privado. Seis bold rooms puntúan el recorrido como cápsulas temáticas diferenciadas, como pequeñas tiendas dentro de una tienda.

Una vitrina no es simplemente una fachada acristalada que muestra mercancía. Puede ser, como aquí, una superficie opaca que comunica una idea más profunda, ligada a la marca a la que le da cuerpo y al lugar del que forma parte. La de Urban Revivo en Sanlitun no deja ver hacia adentro, deja ver quién es la marca y dónde ha decidido instalarse.
