Revista Axxis
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Construida en 1811 a orillas del río Rivière des Mille Îles, esta casa forma parte de un paisaje marcado por antiguos terrenos agrícolas y extensos jardines. Durante décadas ha permanecido en manos de la misma familia, convirtiéndose en el escenario de una historia que trasciende generaciones.

A medida que la familia crecía, también lo hacía el conjunto arquitectónico que la rodeaba, incorporando nuevas construcciones y transformaciones que respondían a las necesidades de cada época.

La primera de estas incorporaciones fue la residencia de la artista Geneviève Jost, conocida posteriormente como “La Primera Casa”. Más adelante, la hija mayor de la familia ocupó la vivienda ancestral y continuó adaptándola a nuevas dinámicas familiares.

Sin embargo, las distintas ampliaciones realizadas a lo largo del tiempo terminaron diluyendo parcialmente la lectura arquitectónica original del inmueble, generando la necesidad de una intervención integral capaz de devolverle coherencia y valor patrimonial.
Recuperar el pasado para proyectarlo hacia el futuro
Con el deseo de preservar la memoria de la casa y garantizar su permanencia para las próximas generaciones, los propietarios emprendieron una transformación que combina restauración patrimonial y arquitectura contemporánea. El proyecto, a cargo de la firma yh2, contempla una completa reconfiguración interior, la recuperación de la envolvente histórica y la incorporación de una nueva ampliación integrada al paisaje.

La intervención parte de una premisa clara: restaurar la autenticidad de la vivienda original mientras se adapta a las formas actuales de habitar. La propuesta busca construir un diálogo equilibrado entre ambas temporalidades, permitiendo que cada una conserve su identidad.
La restauración de la casa
La recuperación de la vivienda histórica comenzó con la eliminación de una ampliación añadida en décadas anteriores que ocultaba la volumetría original. Esta decisión permitió restablecer la claridad formal de la construcción y devolver protagonismo a su arquitectura de comienzos del siglo XIX.

La restauración incluyó la sustitución de puertas y ventanas por nuevas piezas de doble acristalamiento inspiradas en las proporciones y divisiones originales, así como la recuperación del tejado de cedro y la eliminación de elementos que alteraban la lectura histórica del conjunto.

En el interior, la estrategia consistió en revelar y poner en valor los materiales existentes. La estructura de madera fue restaurada y expuesta, permitiendo apreciar tanto la huella del tiempo como las nuevas intervenciones necesarias para su conservación.

Además, los muros de piedra recuperaron su presencia original y la chimenea volvió a convertirse en el corazón de la vivienda, ocupando una posición central dentro de un nuevo espacio de doble altura que organiza las áreas sociales.
La transformación también permitió replantear la distribución interior para responder a las necesidades actuales de la familia. Un gran espacio de doble altura reúne cocina, comedor y sala de estar dentro de una experiencia espacial abierta que pone en valor la estructura original.

Asimismo, una discreta escalera ubicada detrás de la cocina conduce a un nivel superior destinado a oficinas, biblioteca y sala de juegos. La sobriedad de estos espacios permite que la estructura de madera siga siendo la principal protagonista de la experiencia arquitectónica.
Un puente entre dos tiempos
La relación entre la casa ancestral y la nueva ampliación se materializa a través de un pasaje completamente acristalado que funciona como espacio de transición. Desde el exterior, este volumen prácticamente desaparece entre los reflejos de los árboles y el paisaje, reduciendo su presencia visual y permitiendo que las edificaciones mantengan su autonomía.

En el interior, el recorrido se convierte en una experiencia contemplativa donde la naturaleza acompaña el tránsito entre las diferentes atmósferas arquitectónicas del conjunto.
La nueva extensión se integra entre los árboles maduros del jardín. Su volumetría se adapta a las condiciones naturales del terreno, generando una secuencia espacial determinada por la presencia de la vegetación.

En cuanto a materiales, el revestimiento de cedro teñido de ébano, las ventanas oscuras y la cubierta compuesta por guijarros de río permiten que el edificio se funda con el entorno y adquiera una presencia discreta dentro del jardín.
En el interior, la continuidad material entre exterior e interior genera una atmósfera serena e íntima. Grandes ventanas enmarcan vistas hacia la casa histórica, el río y la vegetación circundante, transformando el paisaje en parte fundamental de la experiencia cotidiana.

Las vigas expuestas y el techo revestido en madera oscura reinterpretan la estructura visible de la casa original y establecen un vínculo conceptual entre ambas arquitecturas.
La ampliación organiza sus espacios a través de un corredor que sigue la pendiente natural del terreno y conecta dormitorios, estudio, gimnasio y áreas privadas. Al final del recorrido aparece el dormitorio principal, un espacio que disfruta de amplias vistas hacia el paisaje y de una privacidad controlada por la vegetación existente.

Más allá de la restauración o la ampliación, el proyecto consolida un conjunto arquitectónico que reúne tres edificios en torno a un mismo jardín. La vivienda deja de ser únicamente una construcción histórica para convertirse en un lugar de encuentro que conecta a cuatro generaciones de una misma familia.
