Revista Axxis
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Para los habitantes de la sabana de Bogotá, Chía representa una promesa: la vida suburbana en la que se equilibran las bondades de lo campestre y lo urbano. Es un diálogo sutil entre la arquitectura, la generosidad espacial y la presencia constante del paisaje. Así, en la vereda Fagua, muy cerca de la dinámica urbana de Chía y del corredor comercial de Fontanar, a unos minutos de Bogotá, Elaia Condominio surge como una respuesta contemporánea a la búsqueda de refugio, tranquilidad y conexión con la ciudad.

El proyecto, concebido por Brych Constructora —firma de tradición familiar fundada por la familia Barón, con más de dos décadas de trayectoria y más de mil viviendas desarrolladas en la región—, abarca un conjunto de 111 casas de 140 metros cuadrados, construidos sobre lotes que parten desde los 177 metros cuadrados. Con la dirección de diseño del arquitecto Christian Escobar, el urbanismo se hizo alrededor de un cuerpo de agua preexistente, una determinante geográfica que permitió consolidar una reserva verde y un pulmón ambiental de más de 10.000 metros cuadrados.

La experiencia comienza en la portería, donde se anticipa la identidad arquitectónica del conjunto, marcada por el ladrillo y la teja shingle. Al cruzarla, no solo se empieza a diluir la percepción de la ciudad, sino también se introduce al habitante en un entorno en el que el verde lo rodea todo.

La distribución de las casas
Al entrar a cada casa, se advierte que la planta libre del primer nivel integra sala, comedor y cocina en una secuencia espacial continua que se vuelca directamente hacia el jardín privado. La paleta de acabados privilegia tonos claros y atemporales que maximizan la luz natural y aportan una grata sensación de amplitud visual.

En el segundo piso, el programa alberga tres habitaciones —cada una con baño privado— y un estar de alcobas. En la volumetría de este nivel se aprovechan cubiertas que alcanzan una altura de suelo a techo de metro y medio adicional respecto a los estándares habituales, dotando a los espacios privados de una escala imponente, mayor volumen de aire y gran luminosidad.

“La materialidad exterior parte de reconocer la tradición sin reproducirla. El ladrillo, profundamente ligado a la arquitectura de Bogotá y la sabana, se trabaja mediante una traba especial cuyo diseño, modulación y ejecución exigieron precisión y una resolución cuidadosa. Su complejidad evidencia la importancia que Elaia les da al detalle y al oficio de construir, transformando un material tradicional en una expresión con ritmo, textura y profundidad. Las cubiertas en teja shingle completan este lenguaje y construyen, junto al ladrillo, una imagen cálida, reconocible y atemporal”, explican desde la constructora.

La vida comunitaria se extiende en un clubhouse equipado con piscina, sauna, turco, sala de cine, espacios de coworking, parque canino e infantil. Elaia demuestra que la dignidad espacial y el bienestar no residen en el exceso de área, sino en la proporción rigurosa, la relación con el territorio y la buena construcción.
