Revista Axxis
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Master Design parte de una premisa clara: los espacios no se diseñan para verse bien en una foto, sino para vivirse. En un contexto donde muchas remodelaciones se resuelven con fórmulas repetidas y decisiones rápidas, la firma apuesta por procesos más detenidos, en los que cada proyecto se entiende como una oportunidad para construir una experiencia a la medida.

“Hay muchos proyectos que responden únicamente al presupuesto, en los que la arquitectura pierde su capacidad de expresión. Yo quiero hacer espacios que las personas realmente disfruten, que sean funcionales pero también sensibles, que se percibieran con todos los sentidos”, apunta David Leaño, fundador de la firma.

Su campo de acción se concentra en el interiorismo y la transformación de espacios existentes, con un énfasis particular en la vivienda y, cada vez más, en programas comerciales. Más que imponer un estilo, el equipo trabaja a partir de conversaciones cercanas con sus clientes, buscando traducir hábitos, rutinas y aspiraciones en decisiones concretas de diseño. El resultado son ambientes que no responden a un catálogo, sino a una lógica propia.

Esa búsqueda se materializa en una atención rigurosa a los materiales y a la atmósfera de cada proyecto. Superficies con textura, acabados mate y elementos naturales como la madera o la piedra configuran una estética sobria, pensada para envejecer bien en el tiempo. A esto se suma un trabajo cuidadoso de la iluminación, concebida como una herramienta para transformar el uso de los espacios a lo largo del día y construir distintas escenas según cada momento.

Aprender mientras se hace
Ese enfoque empezó a tomar forma a través de la experiencia. Antes de consolidar la firma, Leaño trabajó con arquitectos que le permitieron acercarse a la obra, a los procesos y a la gestión real de los proyectos. Más adelante, ya de manera independiente, los primeros encargos llegaron a partir de contactos cercanos y estrategias directas: repartir volantes en un conjunto residencial fue el punto de partida de una cadena de proyectos que no ha dejado de crecer. “El primer proyecto fue una remodelación de un apartamento de más de 30 años. Ahí cometí muchos errores, pero también aprendí muchísimo. Ese fue el inicio real”.

Con el tiempo, Master Design ha ido afinando una metodología que se distancia de las soluciones genéricas para apostar por procesos más personalizados. La firma se enfoca principalmente en interiorismo y remodelaciones, con un interés creciente en proyectos comerciales y de mayor escala, donde el diseño pueda explorar con mayor libertad. “Nos interesa trabajar cada proyecto como si fuera propio. No diseñamos algo con lo que no estemos de acuerdo. Si sabemos que una decisión no va a funcionar, no la hacemos. Hay una responsabilidad con el cliente y con el resultado”.

Ese compromiso se traduce en una aproximación que combina técnica, estética y experiencia. Los materiales juegan un papel central: maderas, piedras naturales y superficies con textura que invitan al tacto y envejecen con dignidad. “Me interesan los materiales que transmiten sensación, que dan ganas de tocarlos. Siempre prefiero acabados mates, que tengan una vida más larga y que con el tiempo se integren mejor al espacio”.
La luz como herramienta
La iluminación, por su parte, es entendida como una capa fundamental del proyecto. Más que un recurso funcional, se plantea como una herramienta para definir atmósferas y usos. “Cada espacio debe tener su propia iluminación según la actividad. No es lo mismo una luz para una reunión que una para descansar. La idea es que el usuario pueda transformar el ambiente según el momento”.

Esa atención al detalle responde a una idea más amplia de la arquitectura como experiencia integral. En lugar de replicar modelos, Master Design busca construir una relación más cercana con cada cliente, entendiendo sus necesidades, sus hábitos y el sentido que tiene cada proyecto en su vida. “Nos mueve más la pasión por lo que hacemos que el resultado económico. Lo importante es ese momento en el que el cliente recibe su espacio y se reconoce en él”, concluye Leaño.
