Revista Axxis
Getting your Trinity Audio player ready... |
Agricultores, cocineras, vecinos y niños conviven hoy en un lugar protegido por una gran cubierta permeable, espacio que no solo organiza el comercio, sino que propone algo menos habitual: permanecer, sentarse, encontrarse, habitar. La plaza Luna Vallenata no se diseñó únicamente para vender productos, sino para activar a la comunidad. Un gesto arquitectónico que, más que resolver un programa, ofrece al barrio una nueva forma de verse a sí mismo.

Con 3.057 metros cuadrados de superficie, el proyecto —la segunda plaza de mercado más grande de Valledupar— surge como parte de una estrategia pública para revitalizar un sector históricamente marginado de la ciudad. Promovido por la Gobernación del Cesar y desarrollado por B&P Construcciones, el encargo partía de un esquema convencional: un mercado cerrado, climatizado artificialmente y dependiente de altos costos de operación.

En la propuesta arquitectónica se replantea esa lógica desde su raíz, entendiendo que la sostenibilidad del edificio debía comenzar por su capacidad de adaptarse al clima, al uso y al tiempo. “Nos pidieron algo innovador, pero que se pudiera mantener en el tiempo. Esa era la verdadera dificultad”, recuerda el arquitecto Eduardo Torrente, fundador de TARQ Studio y director del proyecto.

Antes de comenzar a diseñar, el equipo decidió recorrer durante varios días la plaza existente de la ciudad. No buscaban referencias formales, sino comprender dinámicas reales: flujos, conflictos, temperaturas, residuos, recorridos. “Fuimos solamente a mirar, comprar una mandarina, caminar… y entender los problemas”, afirma Torrente.

De este ejercicio, surgieron las primeras decisiones: abrir el edificio, eliminar la climatización mecánica y trabajar con ventilación pasiva como estructura del proyecto. En una ciudad que supera los 35 grados, el confort térmico se debía resolver desde la arquitectura y no desde la tecnología.

Fachadas permeables, muros calados y ladrillo filtrante permiten la ventilación cruzada constante, mientras grandes embudos en la cubierta captan y redirigen las corrientes de aire. “Exageramos la ventilación. Preferí que sobrara y no que faltara”, asegura el director del proyecto.

La arquitectura de Luna Vallenata
La cubierta —uno de los gestos más reconocibles del proyecto— no solo protege, sino que regula temperatura, luz y escala. Su gran estructura metálica, acompañada por panelería técnica de acabado tipo madera, ayuda a construir una imagen cálida sin recurrir a materiales de alto mantenimiento.

La elección material responde a la realidad de la infraestructura pública latinoamericana: edificios que deben perdurar con recursos limitados. Estructura metálica, concreto prefabricado, mampostería, muros calados y panelería técnica conforman un sistema robusto y eficiente. “Nuestra responsabilidad era entregar una obra que perdurara, no una que se viera espectacular el día de la inauguración”, manifiesta.

Más allá de su función comercial —orientada a agricultores y ganaderos que ahora pueden vender sin intermediarios—, el proyecto amplía su programa para convertirse en un espacio de ciudad. Una plaza central cubierta permite eventos culturales, mientras el segundo nivel incorpora restaurantes y cocinas locales que activan el edificio durante todo el día. “No queríamos solo un lugar para vender papa o pescado. Queríamos un sitio de encuentro”.

La implantación longitudinal norte-sur permite que la luz atraviese el edificio a lo largo del día, mientras la relación visual con la Sierra Nevada de Santa Marta integra paisaje y arquitectura en una misma escena. Pero para Torrente, el proyecto trasciende su dimensión física. “El espacio educa. Habitar una buena arquitectura puede transformar la vida de las personas”, sostiene.

Más que un mercado, la plaza funciona como infraestructura social: dignifica el comercio agrícola, fortalece economías locales y ofrece al barrio un nuevo centro de gravedad comunitario. “El proyecto es la excusa. Lo importante es la transformación que puede generar”.
La experiencia no solo consolidó aprendizajes técnicos, sino que reafirmó el sentido social del oficio. Finalmente, al preguntarle a Eduardo si lo volvería a hacer, su respuesta fue “Ciento por ciento. Sobre todo por quien lo va a habitar”.
Cinco puntos para destacar de esta obra
1. La plaza Luna Vallenata representa el primer equipamiento público construido de TARQ Studio.
2. Uno de los elementos más reconocibles del proyecto es su cubierta permeable.
3. Su segundo nivel tiene restaurantes y cocinas locales, para así activar el edificio.
4. La estructura es abierta para no depender de la climatización mecánica; trabajan con ventilación pasiva.
5. Ese proyecto no es solo un mercado, es infraestructura social.
