Hablar de Medellín es hablar de visión urbana y construcción colectiva. La ciudad ha sabido reinventarse apostando por proyectos que priorizan a las personas y reconocen la complejidad de su geografía.
1. Edificio Paz: revitalizar el entorno
El edificio Paz es un proyecto diseñado por el despacho Del Valle Estudio y Tu Taller Design, en cabeza del diseñador David del Valle, asociado con la firma de arquitectura ar_ea, dirigida por la arquitecta Amalia Ramírez, en donde la renovación no se entiende como un asunto de escala sino como la revitalización del entorno urbano desde el reciclaje de estructuras existentes.

El encargo inicial consistía en demoler un edificio de cinco plantas ubicado en la esquina de la calle 10A con la carrera 36, en plena zona rosa de El Poblado. El equipo profesional propuso transformar el inmueble en lugar de derribarlo.

Modificaron la fachada para privilegiar la relación del espacio interior con los árboles que rodean el predio. A su vez, ampliaron los balcones existentes y los complementaron con jardineras que contienen plantas tropicales, mientras reemplazaron las ventanas originales por ventanales de mayor tamaño.

Pintaron los muros de negro para generar un fondo neutro sobre el cual destacan los balcones revestidos con paneles de madera. El resultado es una arquitectura que pasa a un segundo plano ante la vegetación. Esta discreta nueva cara esconde una serie de estancias diversas y diferenciadas entre ellas. El interiorismo del proyecto se concibió a partir de la asignación de un carácter específico para cada piso.
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2. Museo de Arte Moderno de Medellín: moldear el espacio urbano
La nueva sede del Museo de Arte Moderno de Medellín, por el contrario, se sumerge en la escala urbana. Para ver el proyecto hay que acercarse a él. Su forma no persigue la síntesis gráfica propia del ícono, en cambio se diversifica al apilarse una serie de grandes cajas, una sobre otra, de manera irregular para generar terrazas habitables a cielo abierto.

La masa que se construye con muros de concreto, vidrio y calados está en favor de la disposición del vacío exterior que se cuela entre los volúmenes. Este museo moldea el espacio urbano y se atraviesa a sí mismo con él, permite extender la plaza contigua hasta sus plataformas aéreas y sus escaleras expuestas.

Los visitantes pueden recostarse en las graderías orientadas a manera de tribuna hacia el espacio público, sentarse a tomar un café en una de las esquinas de este centro cultural, entrar y salir de él por sus balcones. Como el silencio en la música, es el hueco sutilmente delimitado y cuidadosamente abierto hacia la ciudad el que vitaliza, no solamente al MAMM sino al lugar que le rodea.

Darle cuerpo a una institución que ha sido protagonista del ámbito cultural en la ciudad requiere tomar una posición frente a la manera de relacionar al museo con los ciudadanos. Tradicionalmente estos son edificios cerrados, construcciones de gran tamaño, pero que en muchas ocasiones no generan dinámicas urbanas en su entorno.
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3. Edificio Matorral: un bosque en Medellín
Esta obra se logró el objetivo que se plantearon desde un comienzo: mantener los materiales crudos para que envejeciera de manera natural, presentando esa pátina que solo da el tiempo.

Sus gruesas losas de concreto parecen flotar entre verdes ramas, dándole una liviandad particular a la edificación, ganadora en la categoría de Hábitat y Vivienda Colectiva en la edición XXV de la Bienal Colombiana de Arquitectura y Urbanismo.

“La vegetación se tragó el edificio de manera natural. Incluso, volvieron especies de animales que habían abandonado la zona; hay iguanas que entran a los apartamentos, especialmente en el tercer y cuarto piso», comenta el arquitecto Santiago Arango, socio fundador de la firma ALH Taller, quien estuvo a cargo de este proyecto.

En su interior, celosías abiertas en sus circulaciones y ventanales de piso a techo permiten que sus habitantes estén en contacto constante con esa exuberante naturaleza, lo genera que todos los niveles disfruten de un frondoso jardín —incluso, las cocinas se extienden hacia sus propias huertas—.
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4. Parque de los Deseos: cultura y ciencia
Han pasado más de veinte años desde que se inauguró el parque de los Deseos en Medellín. Hoy se mantiene vigente y actual, gracias a que cumple a cabalidad su propósito: revitalizar un sector de la ciudad que estaba deprimido.

“Yo lo diseñaría igual hoy en día, porque tras dos décadas está demostrado que lo que queríamos hacer con el parque se cumplió. Todas las estrategias funcionaron bien”, opina con la perspectiva del tiempo su arquitecto, Felipe Uribe de Bedout.
Uribe de Bedout explica que este proyecto es un articulador, porque conectó varios espacios que estaban cerrados hacia sí mismos, como el Jardín Botánico, el Planetario y el parque Norte, que aun cuando estaban destinados a la recreación, no eran propiamente públicos.

Tras la renovación del sector —que incluyó eventualmente la construcción del parque Explora, también destacado en la presente edición de AXXIS—, todos estos lugares se relacionan entre sí. Uno de sus retos era integrar lo nuevo con lo existente.

En el diseño se incorporaron planos inclinados y una materialidad cuidadosamente seleccionada, así como un sistema de agua integrado al recorrido.
A lo largo del parque se colocaron cerca de doce dispositivos pedagógicos, desarrollados por varias universidades, con el propósito de convertir cada tramo en una experiencia de aprendizaje. La gran plaza inclinada funciona como anfiteatro, pero sin su forma tradicional: es un espacio flexible, capaz de albergar todo tipo de eventos y dinámicas colectivas.
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5. Parque Explora: “juguete” monumental
El parque Explora, situado en la zona norte de la ciudad de Medellín, se puede definir de varias formas: un museo interactivo de ciencias, un planetario, un taller público de experimentación y un acuario educativo orientado a la conservación y al bienestar animal.

Dinámico, como sus usos, este proyecto siempre está en movimiento. Así lo considera su diseñador, el arquitecto Carlos Alejandro Echeverri.

Las salas de exposición se pueden actualizar constantemente. Son flexibles y fáciles de adaptar, lo que convierte esta suerte de museo en una empresa cultural viva. Estos habitáculos son, además, los que se ven desde afuera como grandes cajas rojas de metal, inspiradas en los juguetes.

Estos bloques, contundentes y llamativos, determinan la identidad arquitectónica del parque y de esta parte de la ciudad. “Siempre quisimos que fuera un espacio memorable, reconocible, que se convirtiera en un referente para los niños y las niñas, pero también para otras generaciones”, explica el arquitecto.
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6. Orquideorama del jardín botánico: experimento bioclimático
El Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín ocupa un lugar relevante en la arquitectura colombiana de comienzos de siglo.

No solo por su imagen reconocible, sino porque introdujo una manera distinta de pensar el edificio público: como una estructura abierta, adaptable y capaz de responder a su entorno tropical desde su concepción tectónica y tipológica.
Plan:B Arquitectos, estudio de Medellín encabezado por los hermanos Felipe y Federico Mesa, planteó en el diseño de este espacio emblemático de la ciudad una arquitectura que se define más por su comportamiento sistémico que por su forma final.

Para Felipe Mesa, la importancia del Orquideorama no está en su forma ni en su condición icónica, sino en la lógica que lo origina. “Fue un edificio modular pensado desde adentro, con un patrón bioclimático que se fortalecía por medio de la repetición”.
Esa decisión permitió concentrar el proyecto en el módulo —su posición, cantidad y posibilidades adaptativas—, más que en la composición de un contorno o fachada. Esa estrategia se traduce a una arquitectura menos impuesta y más acordada.
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