Revista Axxis
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En arquitectura existen tipologías edificatorias: la torre, la nave y el claustro, entre muchos otras, que se definen formal y espacialmente en función de cómo se habitan y para qué sirven. Su forma está directamente relacionada con lo que pasa en ellos, pero dos edificios de uso distinto pueden estar emparentados por su misma constitución tipológica.

Una bodega industrial y una iglesia, por ejemplo, comparten una misma lógica profunda, ambas son una nave vacía, con la carga estructural resuelta en el perímetro, alturas considerables y luz cenital. Lo que ocurre en cada una cambia, si bien la tipología las vincula.

Algo similar ocurre entre el hotel y la prisión. Por más opuestos que puedan parecer, los dos son formas de alojamiento controlado. Organizan sus espacios de permanencia —celdas o suites— en galería a lo largo de un corredor y funcionan mediante la repetición de esa unidad.

Ambos disponen zonas comunes para la socialización o el control de sus ocupantes, comedores que dependen de cocinas industriales; patios, vestíbulos de acceso, instalaciones sanitarias y áreas de servicio centralizadas. Sus fachadas se suelen resolver también con la misma lógica de repetición de una ventana asociada a cada unidad.

Ese parentesco explica por qué la prisión de Nara, construida en Japón en 1908, se pudo convertir hoy en el Hotel Hoshinoya Nara, a cargo de Hoshino Resorts. No se trata de una operación forzada sobre un edificio ajeno a su nuevo uso, sino de la puesta en evidencia de una estructura tipológica que ya contenía, en su origen, las condiciones de la hospitalidad.

El diseño del hotel ‘resort‘ en Japón

En esta antigua cárcel, heredera del modelo panóptico, se organizan sus celdas en pabellones que se irradian desde una torre de vigilancia central (el sistema Haviland). Esa misma geometría, pensada para controlar visualmente cada corredor desde un único punto, hoy dispone la circulación del hotel y jerarquiza sus zonas comunes en torno al antiguo puesto de guardia, convertido en el salón principal.

La restauración, gestionada por Yasui Architects & Engineers, y la arquitectura de Rie Azuma fusionaron las celdas para formar las suites, conservando el ladrillo visto bajo el revoque original y las molduras del cielo. El paisajismo de Hiroki Hasegawa, que transformó el patio interior —antes zona de seguridad— en un jardín habitable, y un museo anexo, conectado por un paso exclusivo, mantienen legible la memoria carcelaria del conjunto.

Esta prisión se pudo transformar en un hotel sin hacer ninguna modificación significativa en su composición general, en tanto que su sistema espacial se debe, precisamente, a este parentesco que a veces se da entre edificios diferentes. Tal vez a nadie se le ocurriría comparar una prisión con un resort…, pero la arquitectura algunas veces nos sorprende.
