Para lanzar su firma estudio, la arquitecta Claudia Campeau decidió comenzar con un proyecto fundacional, uno que es a la vez profundamente personal y revelador de su enfoque de diseño: la transformación de su dúplex de Montreal (Canadá) en una casa unifamiliar.

Situada en el barrio de Villeray, la Casa Lila encarna un enfoque sensible de la renovación residencial, donde la arquitectura se convierte en una herramienta de adaptación a la vida familiar, al paso del tiempo y a las limitaciones muy reales del edificio existente.

Esta transformación también representa una postura clara: ante los desafíos ambientales y urbanos actuales, una renovación reflexiva se erige como una alternativa sostenible a la nueva construcción. El proyecto propone una metamorfosis cuidadosa y rigurosa, en la que cada intervención se basa en una comprensión profunda del espacio.
Una casa diseñada para la vida
Antes de emprender la renovación, Claudia y su familia vivieron en el dúplex durante casi tres años. Este prolongado periodo de inmersión permitió al arquitecto comprender con precisión las cualidades y limitaciones del lugar y, sobre todo, anticipar su futura evolución.

«Pensamos mucho en la casa para que se adaptara a nuestras necesidades con el tiempo», explica el arquitecto. «No podía diseñarla solo para los próximos cinco años, porque los niños crecerán».
Diseñado para evolucionar, el proyecto incorpora una flexibilidad esencial para la vida familiar. Por ello, ciertas habitaciones pueden cambiar de función con el tiempo: habitación de invitados, oficina, taller, etc.

Este enfoque aborda un desafío contemporáneo: crear viviendas capaces de soportar múltiples etapas de la vida sin requerir grandes renovaciones futuras.
Convertir las restricciones en apertura
Con una fachada de apenas 6,4 metros de ancho, el dúplex de 1924 presentaba importantes limitaciones: estrecho, adosado a propiedades vecinas por ambos lados, mal aislado y marcado por sucesivas reformas a lo largo del tiempo. El proyecto se basa en una serie de gestos precisos para maximizar la luz natural y la sensación de amplitud.

En la planta baja, el espacio se organiza en tres zonas sucesivas. En la parte delantera, una zona funcional reúne la entrada, una oficina cerrada y un aseo. En el centro, la cocina minimalista actúa como un lienzo blanco, realzada por una gran isla y una escalera, ambas de roble blanco. En la parte trasera, la sala de estar y el comedor se abren generosamente al patio a través de una gran abertura acristalada, bajo un techo con vigas de cedro a la vista y terraza.

El patio orientado al suroeste, marcado por un lilo maduro, ahora está íntimamente conectado con las zonas de estar. Una terraza coronada por una pérgola que con el tiempo se cubrirá de vegetación —inspirada en los soportes de las parras típicos del barrio de origen portugués— filtra la luz del verano y deja pasar el sol del invierno, invitando a la naturaleza a la vida cotidiana.
La sostenibilidad como hilo conductor
La Casa Lila sitúa la sostenibilidad en el centro de su filosofía de diseño, tanto preservando o restaurando ciertos elementos como considerando el mantenimiento a largo plazo del edificio.

Los balcones frontales han sido restaurados en cedro blanco, con nuevas columnas ornamentales de acero inspiradas en la tipología local original.
También se han realizado importantes esfuerzos para preservar y mejorar tantos elementos originales del edificio como fuera posible: se desmanteló cuidadosamente el ladrillo de la fachada trasera, se limpió y se reinstaló; se lijaron y cortaron partes de la madera existente para crear estanterías en la oficina de la planta baja; y se conservó la única puerta interior original del dúplex y se reubicó en uno de los dormitorios de los niños.

Los nuevos pisos, la escalera y la carpintería están hechos con materiales locales y elaborados por artesanos regionales, al igual que varias luminarias, incluidas las de Lambert et fils y Luminaires Authentik.

En general, el proyecto prioriza soluciones robustas, fácilmente reparables y que respeten el ciclo de vida del edificio, donde cada decisión contribuye a reducir la huella ambiental del proyecto.

A través de su enfoque meticuloso y pragmático, The Lilac House ilustra cómo la renovación puede convertirse en un verdadero proyecto comunitario: ofreciendo entornos de vida sostenibles, cómodos y significativos.
