Revista Axxis
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Mandarin Oriental, Costa Navarino es un resort, diseñado por la firma K-Studio, que mantiene los estándares de una marca de lujo global sin dejar de estar arraigado en su entorno. Ubicado sobre la bahía de Navarino, en el Peloponeso, este lugar busca transmitir una sensación de amplitud e intimidad, lujo y conexión con la tierra, ofreciendo no solo comodidades, sino también una conexión significativa con el paisaje, la cultura y el clima.

El objetivo era armonizar un diseño singular con un emplazamiento de gran importancia histórica, ecológica y de imponente belleza natural. La respuesta fue un plan maestro descentralizado inspirado en las tipologías rurales griegas, en particular en las «mandrias»: recintos de piedra orgánicos que se adaptaban al terreno con un pragmatismo sereno. El complejo adopta esta estrategia a una nueva escala, ubicando sus alojamientos —incluidas 48 villas privadas semienterradas con piscina— en grupos que siguen el contorno de las colinas.

El diseño del resort
Esta estructura dispersa mejora la experiencia de los huéspedes de diversas maneras. Cada villa es privada, autónoma y está rodeada de jardines. Los interiores se integran con espacios exteriores sombreados, creando un ritmo espacial en capas: interior, semicubierto y completamente abierto.

El diseño de los umbrales —amplios voladizos, aberturas profundas, vistas filtradas— genera una sensación de calma y refugio, a la vez que mantiene el contacto con el paisaje circundante.

Desde el punto de vista del diseño, el resort es a la vez sobrio y lujoso. La piedra y el terrazo se utilizan de forma sutil y táctil. Los espacios interiores evocan texturas y tonalidades mediterráneas, mientras que una cuidada selección de detalles internacionales sugiere el espíritu viajero.

La distribución del espacio es intuitiva y centrada en el huésped, lo que garantiza una orientación clara, una escala confortable y vistas panorámicas desde cada habitación. Las zonas de circulación son al aire libre siempre que es posible, permitiendo que la naturaleza esté presente en todo momento.

El complejo también demuestra una gran visión operativa. Su diseño permite una apertura flexible: grupos de habitaciones o villas pueden utilizarse o desactivarse según la temporada, optimizando así el consumo energético. La circulación al aire libre reduce la necesidad de pasillos climatizados.

Los espacios semi-protegidos, como las terrazas cubiertas y los patios de entrada, mitigan las temperaturas extremas, reduciendo la carga mecánica y mejorando el confort de los huéspedes.

La mayor característica de este proyecto es la serenidad. Asimismo, la sostenibilidad fue el principio rectore de cada decisión. Entre las estrategias pasivas se incluyen techos verdes, masa térmica y ventilación cruzada. Siempre que fue posible, se utilizaron materiales de origen local. El paisajismo con uso eficiente del agua, la iluminación de bajo impacto y la zonificación energética refuerzan aún más la ambición ecológica.
