Un antiguo local bancario, embebido en el tejido urbano del norte de Bogotá, se transformó recientemente en el nuevo showroom del estudio de diseño Del Portillo. El proyecto, desarrollado junto con el arquitecto Julián Molina, de Refugio Arquitectura, parte de una idea contundente: construir un espacio donde dos marcas puedan convivir sin mezclarse, manteniendo cada una su identidad.

La intervención se concentró en eliminar el carácter rígido y corporativo del lugar, que albergaba anteriormente un banco. Se retiraron los cielorrasos, los acabados y los elementos propios de una oficina, dejando al descubierto una estructura que permitió replantear el espacio desde lo esencial.

El diseño del showroom
El resultado es un interior dominado por superficies blancas que amplifican la luz, en contraste con el techo existente, también pintado de blanco, pero cuyos casetones se expusieron y trabajaron para resaltar su textura. “Queríamos quitarle todo lo que es un banco: lo rígido, lo corporativo… y empezar a entender qué podía hacer el espacio por el diseño”, explica José David del Portillo, fundador del estudio Del Portillo.

La organización se define a partir de una diagonal que divide el local en dos áreas: una destinada al mobiliario de Del Portillo y otra dedicada a la propuesta de moda de Manuela Álvarez (MAZ), con la que comparte el showroom. No hay mezcla de productos, sino una convivencia clara entre ambas firmas. “Para la gente es mucho más fácil tener la lectura de dos marcas que conviven, mas no son híbridas”, señala el diseñador. Esta decisión permite que haya una apreciación más ordenada del espacio y refuerza la identidad de cada proyecto.

Algunos elementos específicos ayudan a articular el recorrido. La escalera, que conecta con el segundo nivel donde se ubican las oficinas, se modificó para convertirla también en una superficie de exhibición, una estrategia que retoma de manera natural un recurso recurrente en la trayectoria de la marca.

Al fondo, un marco funciona como caja de luz para la exhibición de obras, que cambian periódicamente. En la actualidad, el espacio cuenta con una selección de la artista chilena Paula García, bajo la curaduría de Fabricio Rubio, que incorpora una capa adicional al proyecto.
El showroom reúne una síntesis de distintas colecciones de Del Portillo. Entre ellas, A.M., que toma como punto de partida el paso del tiempo y su relación con los cielos y los territorios donde se producen las piezas. Como es habitual en su trabajo, el mobiliario combina procesos técnicos y artesanales, apoyándose en talleres con los que el estudio ha construido relaciones de beneficio mutuo a lo largo del tiempo.

La próxima colección, Memoria en Forma, se plantea desde el proceso más que desde el resultado. A partir del ensayo y el error, busca explorar cómo se afinan las piezas hasta alcanzar soluciones más precisas. Es una continuación de la misma línea de trabajo, donde el diseño se entiende como un proceso acumulativo, ligado al conocimiento material y a la práctica.
