Revista Axxis
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La arquitectura residencial en la sabana de Bogotá tiene una tradición material consolidada. El ladrillo, el concreto y la madera han definido durante décadas el carácter de las casas de campo en la región, tradición que no es un punto de partida nostálgico, sino un criterio técnico y climático con plena vigencia.

En Tenjo (Cundinamarca), el arquitecto David Restrepo, fundador de la firma David Restrepo & Cía. Arquitectos, diseñó un espacio de 850 metros cuadrados para una familia que vive la sociabilidad como programa, una vivienda que organiza el encuentro, resguarda la privacidad y establece una relación precisa con el paisaje de la montaña a la que se orienta.

El esquema parte de un claustro en forma de herradura. Los volúmenes abrazan un patio central que funciona como núcleo organizador de toda la planta, desde donde se accede a la vivienda, se articulan las estancias del primer nivel y se percibe, en el fondo, la masa verde del cerro.

Las zonas de entretenimiento y servicios complementarios —área húmeda con jacuzzi y turco, gimnasio, salón de juegos, BBQ y parqueadero cubierto por pérgola— ocupan los laterales de la herradura y actúan como antesala a la casa principal, dilatando el recorrido de llegada.

El parqueadero no es un apéndice funcional: se integra al circuito del patio mediante pérgolas que conectan los volúmenes y permiten transitar en el conjunto bajo cubierta, incorporando la vivencia del jardín desde la llegada a la residencia.
Sobre la distribución espacial de la vivienda
En el primer nivel se concentran las áreas sociales —sala, comedor, cocina semiintegrada—, además de una habitación de huéspedes y las dependencias de servicio. El segundo piso aloja la alcoba principal y dos secundarias, vinculadas en el interior por un family room y hacia el exterior por una terraza que se abre directamente al cerro.

Esa apertura no es gratuita: Restrepo dimensionó las ventanas de esta planta para encuadrar la montaña desde los espacios privados, convirtiendo la geografía en un elemento activo de cada recinto. Los techos planos —definidos por los lineamientos del condominio— refuerzan ese efecto, mientras que la silueta horizontal de los volúmenes contrasta con la verticalidad escarpada del paisaje y despeja la vista en lugar de competir con ella.

La tableta militar —ladrillo alargado en tonos terracota— recubre los volúmenes con una rugosidad que dialoga con la arquitectura moderna de la sabana y aporta masa térmica en un clima frío. Los muros dobles con aislante intermedio y la leve elevación de la estructura sobre el terreno responden a condiciones específicas del trópico de altura, como control de la humedad ascendente y estabilidad de temperatura interior.

Las celosías verticales que resguardan la zona de habitaciones y el spa de primer nivel regulan la luz y garantizan privacidad, sin necesidad de clausurar el vínculo con el jardín.
En este proyecto, el rigor técnico se extiende hasta los detalles, los tragaluces incorporan ventilación para evitar condensación en los vidrios; los lagrimales y las juntas del ladrillo responden al comportamiento del agua en fachada. La altura libre interior de 2,80 metros permitió aberturas que conectan visualmente el interior con el cerro, sin sacrificar el confort térmico.

Para el desarrollo del interiorismo del proyecto, la familia contactó a la diseñadora industrial Gina Ríos, quien ya había trabajado con ellos quince años atrás. Esa continuidad no es un dato menor, ya que Ríos conocía el gusto del cliente, sus objetos, su manera de habitar. El punto de partida fue precisamente ese saber acumulado, no diseñar siguiendo tendencias sino para quienes viven en la casa.

La paleta cromática propuesta por esta diseñadora parte de tonos terrosos, donde el terracota aparece como acento —en butacas de terciopelo anaranjado en la sala y en el sofá del family room—, sin saturar el conjunto. Esos momentos de color hacen eco del ladrillo exterior y articulan los espacios, sin uniformizarlos.

Ríos trabaja el contraste entre piezas lisas y con patrón geométrico abstracto, y los tapices repetitivos en sillones y sillas de cabecera del comedor, enfrentados a sofás neutros y fondos en madera. Por su parte, los tapetes se fabricaron a la medida, y el papel de rafia natural, aplicado en el cielo de la zona social y en los muros de la alcoba principal, introduce una superficie que absorbe luz y reduce la frialdad de los espacios amplios.

Entre el hall y el comedor, una cortina de borlas tejidas separa los dos ambientes sin clausurar su continuidad visual. El bifé del comedor, diseñado por Ríos, sostiene un conjunto de vasijas de Recerámica mientras dos piezas escultóricas de madera, también de su autoría, habitan el hall de acceso.
Muchos muebles y objetos de la familia se reutilizaron e intervinieron, incorporándose al nuevo orden sin perder su historia. La iluminación planteada como parte de la arquitectura se complementó por la diseñadora con piezas seleccionadas, entre estas las lámparas colgantes de la alcoba principal, de la firma BoConcept.

Esta casa no busca resaltar su sitio ni su programa. Se asienta en el paisaje con una horizontalidad que reconoce la montaña sin someterse a ella, y organiza la vida social de una familia desde la claridad de su planta y la precisión de sus materiales.
Cinco puntos para destacar de esta obra
1. La configuración en herradura organiza el conjunto alrededor de un patio central que articula el acceso, las áreas sociales del primer nivel y la relación visual con el cerro desde las dos plantas.
2. Los techos planos y la volumetría horizontal contrastan con la topografía montañosa del fondo.
3. Los muros dobles con aislante térmico, la elevación sobre el terreno y los tragaluces con ventilación incorporada responden a las condiciones del trópico frío de montaña.
4. La paleta de color interior se construyó desde los gustos del cliente: terracota como acento cromático, patrones geométricos en piezas seleccionadas, al igual que rafia natural en cielos y muros de la alcoba principal.
5. La cortina de borlas entre hall y comedor, el bifé diseñado a medida y las piezas escultóricas de madera operan como una segunda capa que define los espacios sin borrar la arquitectura que los contiene.
