Visitar el nuevo espacio de la marca, ubicado en la calle 122 en Bogotá, es atravesar un umbral sutil. Al entrar, el ambiente filtra la rapidez de la ciudad y plantea un concepto en el que el bienestar se materializa.

El paisajista Ramiro Olarte asegura que, desde el inicio, la palabra oasis marcó la ruta conceptual. En ese sentido, el proceso creativo se revela como una construcción en capas, donde el diseño y la naturaleza debían dialogar desde el primer gesto: el círculo.

El diseño de la tienda
En el centro de la tienda, el equipo de diseño ubicó una gran claraboya circular que organiza la narrativa espacial. Este elemento permite jugar con la luz natural a lo largo del día, bañando el interior con intención y transformando la atmósfera según las horas.

A partir de ese vacío circular comenzó una lluvia de ideas que desembocó en una pieza cercana a lo escultórico: un fragmento pétreo que parece el vestigio de una construcción antigua.

Las piedras se convirtieron, entonces, en el gesto protagónico. Ese trazo inicial definió proporciones y carácter. Sin embargo, llevar el dibujo a escala real implicó un desafío mayor.

Cada pieza fue pensada y trabajada de manera individual. “Queríamos que fuera una piedra que tuviera y no tuviera forma. Lo suficientemente pesada para sostenerse en pie”, comenta Olarte. La interacción con el artesano fue clave para traducir el dibujo en materia, logrando que el resultado no pareciera un objeto decorativo, sino una presencia orgánica dentro de la tienda.

Asimismo, la vegetación completó la escena. Se introdujeron lavanda, romero, diosme y tillandsias que emergen entre las enormes rocas. Al definir la paleta vegetal, el equipo buscó algo diferencial y, sobre todo, sostenible en el tiempo. La apuesta fue trabajar con plantas epífitas —especies que no requieren suelo— para que casi todo lo dispuesto sobre la roca pudiera sostenerse sin grandes sistemas de riego.

Así nacieron los tótems pétreos vestidos con musgo y salpicados de bromelias, junto con elementos verticales que prolongan visualmente la composición “para que se fueran y se perdieran dentro del círculo… que fuera como una continuidad”, concluye Olarte.

De este modo, la biofilia se consolida como un eje fundamental del proyecto. Es precisamente esa integración entre materia y naturaleza la que construye la sensación de calma que acompaña la experiencia de compra.
Finalmente, la propuesta espacial se complementa con la colección de la marca: prendas amplias, siluetas relajadas, texturas y bordados que aportan carácter. Cada pieza refuerza la idea de comodidad y bienestar, de tal forma que moda y arquitectura convergen en un mismo propósito: privilegiar la libertad de movimiento y una experiencia consciente al vestir.
