Revista Axxis
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El diseño latinoamericano ha construido, durante décadas, una manera propia de hacer y de pensar los objetos, pues responde a procesos ligados al territorio, a las manos y a las comunidades. En ese contexto, la exposición “The soul of objects. Artes aplicadas de América Latina”, que se inauguró este 7 de mayo en el Grassi Museum of Applied Arts de Leipzig (Alemania), marca un punto de inflexión.

Detrás de este evento está la argentina Luján Cambariere —periodista y curadora especializada en artesanía y diseño latinoamericano—, quien llegó a Berlín en 2019 y, desde entonces, entendió que había una conversación ausente.

“Descubrí que en Alemania existe un gran interés por el diseño latinoamericano, pero al mismo tiempo hay un total desconocimiento del tema, por lo que me puse el desafío de revertirlo”, cuenta. Lo que empezó como una inquietud personal terminó convirtiéndose en una exposición de gran escala.


La muestra, que reúne más de 200 piezas de 56 creadores de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, es la primera gran lectura de las artes aplicadas latinoamericanas en un contexto de habla alemana, en la que se propone una nueva percepción, desplazar la idea de diseño como sinónimo de industria para abrir espacio a otras formas de producción, donde el oficio, la comunidad y el territorio son centrales.


“Nuestro diseño tiene alma, o lo que los antropólogos llaman numen, aura o maná. Una energía especial que se adhiere a las cosas y que hace que encanten nuestra cotidianidad”, explica Cambariere, retomando el concepto que da título a la exposición y a su libro, un verdadero referente en teoría del diseño latino.


El recorrido está planteado como una cartografía sensible. En sus salas conviven talismanes, máscaras, altares, textiles cargados de historia, piezas de indumentaria, luminarias y mobiliario. Objetos que, aun cuando diversos en forma y función, comparten una misma raíz: el oficio que se hace con las manos.


En la exposición se pone en evidencia una riqueza técnica que comparte los saberes transmitidos entre generaciones, como el manejo de fibras naturales, madera, arcilla, cobre, biomateriales y procesos híbridos. “En América Latina el camino de producción de objetos no pasa por grandes industrias ni tecnologías, sino por una vía artesanal”, recalca la curadora.

Así mismo, muchas de las piezas exhibidas nacen de procesos colaborativos con comunidades artesanales y colectivos que encuentran en el diseño una herramienta de sostenibilidad socioeconómica. “La mayoría de los proyectos usan el diseño como una herramienta de inclusión social”, afirma Cambariere.

En ese sentido, la exposición no se limita solo a compartir objetos, sino que revela relaciones, tiempos y estructuras invisibles que están presentes en cada pieza.

Colombia en «The soul of objects. Artes Aplicadas de América Latina»

En ese panorama, la participación colombiana se destaca por su diversidad. Los once estudios que están presentes —Alta Estudio, Atlas Colombia, Monguí Design, Caroyacu, Hechizoo, Xandra Uribe, Catalina Estrada, Danielle Lafaurie, Claudia Gómez Mejía, junto con Mauricio Vásquez Rendón, Cristina Grajales Gallery y Arte Popular Latino— evidencian un ecosistema creativo que dialoga constantemente con el territorio.

Dentro de la propuesta para la exposición, Alta Estudio se presenta con Insecta, una colección de objetos que traduce la biodiversidad colombiana en patrones minuciosos. Alejandro Tapias, fundador de la firma, describe su participación como “un gran posicionamiento para el diseño latinoamericano”, pero también como una oportunidad para “insistir en una idea clave: entender y ratificar que la artesanía es diseño”.

Entre las características de las piezas de Alta Estudio está que se hacen en compañía de mujeres de la comunidad kamëntsá, en el valle de Sibundoy (Putumayo); su elaboración implica procesos extensos, ya que cada pieza puede contener entre 25.000 y 65.000 chaquiras aplicadas manualmente. “Todo se da desde una conversación, un interés por aprender y enseñar”, explica, al tiempo que enfatiza en que su práctica se construye desde relaciones basadas en el intercambio de saberes.

Esa misma lógica atraviesa el trabajo de Monguí Design. Para Ricardo Corredor, su fundador, en la exhibición “no se habla tanto de una firma, sino de los artesanos detrás de cada pieza”. Sus butacos, pufs y cojines —elaborados con técnicas de las comunidades wayuu, zenú y warao— son el resultado de procesos colaborativos, en los que el diseño actúa como mediador. “La relación se construye desde el hacer: entendiendo los tiempos, escuchando y trabajando en conjunto”, comenta. De este modo, su labor busca acompañar y sostener oficios que siguen vivos.

Desde otra perspectiva, el proyecto de Claudia Gómez Mejía, consultora de economía creativa, y Mauricio Vásquez Rendón, director de Biofilia Material, introduce una reflexión sobre la materialidad como lenguaje cultural. Su pieza, Matter of reciprocity, reúne biomateriales y tintes naturales derivados de hoja de coca para construir un tapiz que funciona como archivo de experimentación.

“Más que mostrar objetos, nos interesa evidenciar procesos y nuevas narrativas”, señalan. En ese gesto, el diseño se convierte en una herramienta para cuestionar imaginarios. “Buscamos desplazar la narrativa que ha predominado sobre la coca y reconocerla como patrimonio ancestral”, aseguran.

La muestra también es un encuentro emocional. En la entrada, la ilustradora y diseñadora de estampados Catalina Estrada propone un corredor inmersivo, en el que animaciones, color y sonido configuran una experiencia envolvente.

“Quería crear un umbral visual y sonoro, donde el público pueda dejar atrás el ruido del mundo urbano”, expone. Sus piezas visuales no solo introducen el recorrido, sino que preparan al visitante para tener una forma distinta de mirar y descubrir el alma de los objetos.

Por su parte, Xandra Uribe, de Frijolatorio, trabaja desde lo simbólico para resignificar lo cotidiano. Al convertir el fríjol en joya, recupera su dimensión ritual y su carga histórica. “Al tratar estas semillas con cuidado y respeto, estoy haciendo lo mismo que nuestros antepasados”, dice.

Sus objetos, que involucran a comunidades amazónicas y redes de guardianes de semillas, conectan distintos mundos a través de una pieza. “Cada una se creó con alegría, ya que pretendemos contagiar esa chispa latina”, manifiesta, subrayando el carácter emocional de su propuesta.

En conjunto, “The soul of objects. Artes aplicadas de América Latina”, plantea una pregunta que constituye la columna de todo el recorrido: ¿qué entendemos por diseño? Así, la exposición propone ampliar esa definición para incluir procesos en los que el tiempo y la comunidad son claves. “A muchos expertos les cuesta entender que el diseño con las manos también es diseño”, sostiene Cambariere, al señalar una de las tensiones que la muestra busca evidenciar.

La exposición es un espacio para reflexionar sobre aquello que muchas veces pasa inadvertido, como los saberes ancestrales, la cultura y las historias detrás de cada pieza. La muestra estará abierta hasta el 27 de septiembre de 2026 y posteriormente se presentará como parte central del Madrid Design Festival en 2027.
