La Mesa Manglar, creada por Juan Zapata, diseñador de interiores y CEO del estudio antioqueño Ezpacio, se inscribe en la búsqueda donde la materia habla de raíces y recuerdos.

Desde su origen conceptual, la pieza se construye sobre la premisa del diseño como un puente entre el ser humano y su entorno. La base de la Mesa Manglar está inspirada en las raíces del ecosistema que le da nombre, se despliega como una estructura orgánica que parece crecer desde el suelo.

Es un gesto que remite al manglar ser un símbolo. En este sentido, la firma entiende el diseño como una experiencia sensorial integral.

“Todo lo que se estudia y se dispone para la convivencia material se debe convertir en elementos que, al verlos, tocarlos, vivirlos nos transporten a una emoción, un instante, un recuerdo, un deseo”, afirma Zapata. Y es precisamente ahí donde la pieza encuentra su mayor potencia: en su capacidad de activar memorias a través de la forma, la textura y el color.
El diseño de la mesa
El acabado terracota, aplicado mediante pintura electrostática texturizada, refuerza esta intención táctil. La superficie invita a ser recorrida con la mano, como si en ella persistiera la humedad del ecosistema que la inspira.

Además, la Mesa Manglar también plantea una reflexión sobre el acto de crear. “Cada objeto es una obra única, concebida con tiempo, pasión y propósito. Cada pieza es un acto de memoria, donde crear se convierte en lo más cercano a lo eterno”, sostiene el diseñador. Bajo esta lógica, cada mesa se convierte en una pieza irrepetible, donde la estructura metálica es trabajada manualmente para garantizar su carácter orgánico.

La elección del manglar como punto de partida no es menor. Este ecosistema, vital para la biodiversidad, es reinterpretado desde el diseño como un símbolo de protección, comunidad y resiliencia.
“El manglar es un ecosistema vital, es cuna y hogar de miles de especies, pero más allá de eso su forma inspira abrazo, compañía, protección”, explica Zapata. Esa idea de abrazo se traduce en la base de la mesa, que se abre como si sostuviera el espacio, como si lo acogiera.

Con una altura de 73 cm y una superficie de 50 cm de diámetro, la pieza funciona como mesa auxiliar, ideal para espacios compactos. Sin embargo, su diseño permite escalarla a formatos más amplios, multiplicando el entramado de raíces y, con ello, su impacto visual y simbólico.
