Celebrar un aniversario implica, por lo general, mirar en retrospectiva. Repasar momentos importantes del pasado, los retos enfrentados y los triunfos logrados. Sin embargo, más allá de un ejercicio de memoria, este ritual constituye un proceso de reflexión y autoevaluación. Una oportunidad para extraer aprendizajes y posibilidades de mejora. Se trata de una actividad recurrente, dispendiosa y gratificante a la vez.