Revista Axxis
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El Museo Berkshire, ubicado en Pittsfield, Massachusetts, acaba de abrir nuevamente sus puertas después de un proceso de renovación que se llevó a cabo durante los últimos meses. Sus visitantes ahora se encontrarán con una experiencia distinta que busca acercarlos a las artes, a la ciencia y la historia a través de cada uno de sus espacios.

Casi 1.700 metros cuadrados fueron remodelados en este museo gracias al trabajo de StudioHAU, los encargados de llevar a cabo este proyecto. Bajo el liderazgo del arquitecto Yo Hakomori, responsable de otros proyectos en el país norteamericano como el Art Institute of Chicago, Pomona College y el Grand Rapids Art Museum, entre otros, este estudio arquitectónico tuvo que repensar los espacios que albergaban a las obras de arte al igual que algunos otros que hacían parte del recorrido de los visitantes.

Entre los espacios que se rediseñaron en la primera planta estuvieron el vestíbulo, las galerías de arte, paleontología y geología, el café, el área para niños, la tienda de regalos y otros lugares de transición y reunión. Además, una de las adiciones más importantes al proyecto fue la del acuario, que ahora hará parte de la exposición permanente del museo con criaturas terrestres y marinas.
Lo nuevo y lo antiguo en un solo museo
El reto era crear un nuevo recorrido para los visitantes del museo que se sintiera moderno y orgánico, sin llegar a chocar con el estilo neoclásico de la fachada, que se conservó en su totalidad.

«La habilidad de complementar lo antiguo y lo nuevo, los objetos y los seres vivos y las arts y las ciencias le permiten al Museo Berkshire ofrecer una experiencia única «, afirmó Kimberley Bush Tomio, directora ejecutiva de esta institución.

Durante el trabajo de rediseño del espacio, los arquitectos de StudioHAU se reunieron con el equipo curatorial y educativo, quienes les ayudaron a planear un recorrido en el que cada espacio, a pesar de su independencia, reflejara una unidad y una armonía entre los distintos temas. Aquí la idea no era, como se hace tradicionalmente en este tipo de instituciones, separar a las artes de las ciencias y de la historia. Más bien, la idea era poner a dialogar a estas tres disciplinas.

Esto se refleja especialmente en la exposición con la que el museo inauguró este nuevo espacio: el gabinete de curiosidades. Allí, a través de cada uno de estos gabinetes, los visitantes podrán descubrir objetos de cada una de estas disciplinas agrupados simplemente por su capacidad de asombrar a quienes los descubran.

Cada espacio fue un reto distinto para el equipo, por lo que los resultados parecen muy disímiles entre sí. Y, aun así, el recorrido por estos pasillos se siente natural. El estudio lo describió casi como una «coreografía», no porque los visitantes deban necesariamente seguir un solo recorrido, sino porque la composición visual organiza su mirada y guía sus pasos de una manera específica. Así, cada persona es libre de descubrir el museo a su ritmo al tiempo y creando su propio camino, pero siempre sintiéndose parte de un mismo espacio.
