Róterdam (Países Bajos) tiene un alto volumen de migración, con residentes de más de 170 países y regiones. Históricamente, fue también un importante punto de partida para millones de europeos que zarparon hacia Norteamérica. En 1940, un devastador bombardeo arrasó el centro de la urbe, y desde entonces, innumerables arquitectos de renombre mundial se han trasladado a esta ciudad portuaria para transformarla en un centro global de arquitectura contemporánea.

En 2016, la Fundación Droom en Daad se asoció con el Ayuntamiento de Róterdam para lanzar una iniciativa de revitalización cultural en toda la ciudad. Dos años después, la fundación encargó a la firma china MAD la transformación del histórico almacén Fénix en un museo de la migración.

Es así como MAD renovó un almacén centenario y lo convirtió en un referente cultural que conecta el pasado con el presente, al tiempo que rinde homenaje a los viajes de millones de migrantes. “Todo está en movimiento: la gente, el tiempo, la luz, el mar. Este edificio nos invita a repensar los momentos de llegada y partida, y a reflexionar sobre las razones por las que partimos”, explica Ma Yansong, fundador del estudio.

La adecuación del espacio comenzó con un profundo respeto por la historia, preservando la robusta estructura original del almacén, restaurada por la compañía Bureau Polderman. Decidieron abrir la cubierta central para que pasara la luz natural e insertaron en el núcleo una escalera de caracol en forma de tornado; esta se entrelaza para crear un sistema estructural que en ocasiones se cruza, y en otras, se separa.

Detalles de la arquitectura del museo
En el punto más alto, los visitantes encuentran vistas a la ciudad y su ribera, como si el espacio flotara sobre el mar. Este es un recorrido enmarcado por la libertad, la incertidumbre y la esperanza.

Su sistema de escaleras tiene una longitud de 550 metros y llega a una altura de 30 metros. Mediante una estructura de celosía espacial, se extiende en voladizo hasta alcanzar 17 metros en su punto más largo. MAD se encargó del diseño, en colaboración con un equipo especializado en ingeniería de montañas rusas.

La superficie exterior de la escalera está revestida de acero inoxidable plateado, moldeado y pulido mediante tecnología CNC. Su acabado reflectante capta el paso de los peatones, la actividad del puerto y el cielo cambiante, integrando estos elementos dinámicos en la arquitectura. Esto aporta una sensación de movimiento y presencia humana a la estructura, que por lo demás es de corte industrial.

El techo del edificio tiene 6.750 metros cuadrados de cubierta vegetal, lo que mejora el aislamiento térmico y reduce significativamente el consumo energético. Así mismo, el diseño paisajístico permite retener el agua de lluvia en el sustrato vegetal, lo que favorece su reutilización.

En el lado oriente de la planta baja habilitaron lo que denominan una plaza cívica, un espacio de libre acceso al público durante todo el año que alberga una amplia gama de actividades comunitarias, como eventos gastronómicos, encuentros culturales, espectáculos y programas públicos; en otras palabras, es como un escenario abierto para la vida urbana.

Por medio de este trabajo, MAD busca encarnar el concepto de equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo, el movimiento y la quietud, reflejando una filosofía oriental en la que los opuestos existen de manera independiente, pero siguen siendo profundamente interdependientes.
