Revista Axxis
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Este proyecto, desarrollado por Ricardo Vargas, fundador de Lascaux Five y primer propietario del apartamento, parte de una base sobria definida por grises, concreto, acero y madera. Sobre ella aparecen piezas de color, objetos, obras de arte y una vegetación abundante, que introduce movimiento y calidez en cada espacio.

Ubicado en el borde de Provenza, sobre una ladera acompañada por una quebrada y vegetación nativa, el apartamento ocupa 607 metros cuadrados, distribuidos en dos niveles, y se abre hacia vistas casi continuas sobre la ciudad, el valle y las montañas. Vargas lo adquirió en obra gris y modificó la distribución prevista para el primer piso, mientras que el segundo, incorporado sobre la terraza, él lo desarrolló completamente.

Desde el comienzo, la intención fue construir un interior capaz de convivir con ese entorno. “La idea era crear un espacio gris, medio brutalista”, explica. Pisos, muros y cielos crean una envolvente contenida, sobre la que aparecen cuatro elementos recurrentes: concreto, madera de sapán, acero crudo y paisajismo.

La riqueza del proyecto está en la manera como esa paleta limitada se transforma a través de diversas texturas y aplicaciones. El concreto aparece en pisos dispuestos en espina de pescado, calados, piezas vaciadas, terrazos y mosaicos; la madera reviste superficies y muebles hechos a medida, y el acero se utiliza en elementos de mobiliario y almacenamiento.

Es por esto por lo que el proyecto explora variaciones de textura, escala y oficio a partir de una materialidad limitada. “Quería usar los materiales de Colombia de un modo diferente”, señala Vargas. Esa búsqueda llevó a incorporar el trabajo de firmas, talleres y diseñadores locales. Innovacron y Blend Concrete participaron en distintos elementos de concreto y acabados, y Santos estuvo a cargo del desarrollo de la cocina.

El diseño del apartamento
En cuanto al mobiliario y los objetos, incorporaron piezas de Tucurinca, 902, 5AM Living, Diamantina & La Perla, y Baobab; los tapetes son de Areagua, mientras que algunos elementos de madera provienen de Urban House, en El Retiro. Salvo unas pocas antigüedades y la colección personal de Vargas, la mayoría se produjo en Colombia. Según el arquitecto, cerca del 95 % de los materiales y objetos del proyecto tienen origen nacional.

En el segundo piso, la materialidad se plantea con una idea más atmosférica. Vargas imaginó el lugar como una especie de ruina que la vegetación comienza a recuperar lentamente. Las terrazas perimetrales envuelven ambos niveles, y en la planta superior, varios jardines interiores permiten que esa presencia vegetal avance hacia el corazón de la vivienda.

Por su parte, los calados de concreto cumplen un papel fundamental: filtran la luz, permiten el paso del aire y hacen más permeable el límite entre adentro y afuera. En algunos puntos, se combinan con vidrio; en otros, permanecen completamente abiertos. Las ventanas de la sala desaparecen dentro de bolsillos y el dormitorio principal se abre por varios frentes. Cuando la casa está en uso, buena parte de esos límites físicos se diluye. “La idea era que los cuartos no estuvieran encerrados en muros”, resume sencillamente Vargas.

La conexión con el exterior, que se produce por medio de ventanas, calados, puertas corredizas y jardines, permite que el aire y la vegetación acompañen en forma permanente la experiencia interior.
Detalles de la obra
El color se concentra en sitios específicos, apareciendo en aquellos puntos donde las personas se reúnen o donde la mirada necesita detenerse. Una alfombra amarilla y dos sillas rojas activan la sala principal, mientras el dormitorio de invitados combina muros azules con lámparas naranjas. Otro cuarto, oscuro y contenido, introduce un sofá amarillo y una biblioteca retroiluminada. En cada caso, el color aporta calidez y establece una relación directa con el uso y la atmósfera del espacio.

El arte sigue una lógica similar. Las piezas aparecen al final de corredores, frente a puertas o sobre ejes de circulación, y constituyen puntos focales dentro del recorrido. Vargas evita llenar los muros y prefiere organizar composiciones específicas: una obra aislada, un pequeño conjunto o un gesto de color que se descubre al salir de una habitación.

Entre esas obras se encuentran un macramé de Alberto Posada y el mosaico ubicado en la zona social, desarrollado junto con la artista Ana Posada. Titulada Flotando y volando, la pieza exhibe formas que se pueden leer como burbujas o alas y busca vincular dos presencias constantes de Medellín: el agua que desciende por las quebradas y el aire habitado por aves. Posada también realizó el mosaico de la piscina, reforzando la relación entre arte, arquitectura y paisaje que atraviesa toda la vivienda.

La iluminación es la herramienta que completa la construcción de atmósferas. La mayor parte es indirecta y produce una luz tenue, donde el origen de cada fuente pasa a un segundo plano. Las luminarias decorativas se reservan para puntos específicos y funcionan como piezas escultóricas.

En el comedor, una lámpara compuesta por esferas de madera concentra el protagonismo. En la sala, otra pieza de tonos cálidos dialoga con la alfombra y las sillas. En la circulación del segundo piso, varias luminarias textiles de Diamantina & La Perla acompañan la escalera y el vacío de doble altura, mientras que en los baños y áreas más funcionales las fuentes de luz se integran al mobiliario y mantienen una expresión más contenida. “La idea era usar las lámparas en puntos focales”, explica Vargas.

La vivienda se organiza así a partir de una serie de contrastes cuidadosamente controlados: lo áspero convive con lo blando, lo gris con el color, la masa del concreto con la ligereza de los calados y la arquitectura con una vegetación que parece abrazarla.

La condición urbana del apartamento permanece siempre presente, acompañada por una sensación de refugio construida a partir del clima, el paisaje y la apertura hacia el exterior. Los materiales locales, el trabajo artesanal y el diseño contemporáneo terminan encontrándose en esta casa, profundamente ligada a Medellín y a los artes y oficios de Colombia.

Cinco puntos para destacar de este proyecto
1. Concreto, madera, acero crudo y tonos grises construyen una base contenida sobre la que aparecen el color, el arte y la vegetación.
2. Calados, ventanas corredizas y jardines interiores hacen más permeable el límite entre interior y exterior, y permiten que el aire, la luz y la vegetación atraviesen los espacios.
3. Pisos, calados, piezas vaciadas, terrazos y mosaicos muestran varias posibilidades de un mismo material, el concreto, y le dan profundidad a una paleta deliberadamente limitada.
4. Cerca del 95 % de los materiales, muebles, luminarias, objetos y obras se produjeron en Colombia, con participación de firmas, talleres, diseñadores y artistas locales.
5. Los colores intensos, las obras de arte y las lámparas escultóricas aparecen de manera concreta para marcar recorridos, sitios de encuentro y momentos específicos dentro de la vivienda.
