Revista Axxis
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Si usted es amante de la arquitectura y está pasando unos días en Bruselas, quizás quiera dejar un espacio para salir del centro de la ciudad y visitar una atracción turística poco común. Se trata del CBR Building, un edificio muy distinto a la arquitectura medieval que caracteriza a esta ciudad, pero que se ha convertido en uno de los exponentes más destacados del brutalismo de la segunda mitad del siglo XX.

Se le conoce así porque fue originalmente diseñado para albergar las oficinas de una compañía de cemento belga, la Cimenteries Belges Réunies. Sin embargo, lejos de acomodarse al estándar de un edificio de oficinas de la época, esto les presentó a los arquitectos Constantin Brodzki and Marcel Lambrichs la oportunidad de explorar las posibilidades de este material con el fin de crear algo fuera de lo tradicional.

Es evidente que el concreto es muy útil para hacer piezas cuadradas o rectangulares, pero este equipo sabía también que su maleabilidad permitía también optar por otras formas. En 1960, el entonces director de CBR le dio via libre a Brodzki para experimentar con el concreto y de allí nació la forma que habría de replicarse para toda la fachada del edificio.

El resultado fue un complejo de nueve pisos y tres sótanos compuesto por dos torres escalonadas para las cuales se requirieron 756 bloques de concreto.

Brodzki diseñó moldes que permitirían crear piezas prefabricadas de concreto redondeado con una ventanas de vidrio tintado con un tono naranja, que filtra la luz en los días calurosos del verano al igual que ayuda a mantener el calor durante el invierno. Además, apilados uno sobre otro le daban al edificio el carácter de una obra de arte.

Cada uno de estos bloques salía de la fábrica ensamblado y listo para poner en el edificio. Para la época, este método era sumamente innovador, pues permitía avanzar en la construcción en un tiempo récord (aproximadamente de a un piso por semana), al igual que demostraba la infinidad de usos que se le podrían dar a este material. Fue así como nació uno de los íconos de la arquitectura brutalista en Bruselas y que sirvió durante casi medio siglo como el centro de operaciones de esta compañía de cemento.

La remodelación del CBr Building
En 2017, a pesar de su larga historia allí, la CBR decidió que el edificio ya no cumplía con las necesidades de la compañía y optaron por mudarse a uno nuevo. Esto preocupó a muchas personas, pues se especulaba que esto podría llevar a la demolición del lugar. Por eso, el mismo Brodski, que para entonces ya pasaba los 90 años de edad, junto con otros arquitectos y ciudadanos de Bélgica hicieron una petición para protegerlo.

Fue así como el CBR entró a ser parte de los bienes patrimoniales protegidos de Bruselas, junto con muchos otros que cargan con siglos de historia encima. Poco después del revuelo, la compañía Fosbury & Sons especializada en espacios de coworking, se mudó al edificio y si bien realizó una remodelación interna, la fachada se mantuvo intacta al igual que otros detalles del diseño original que hacían parte de la esencia de este edificio.

Brodski falleció tres años después de haber visto su obra convertida en patrimonio, pero dejó una obra que marcó un punto de inflexión en la historia arquitectónica de su ciudad. Varios intentaron copiar el método de los edificios prefabricados, aunque la complejidad de algunas piezas hacía que no fuera tan sencillo hacerlo. Sin embargo, el CBR Building quedó como un reflejo de su época y la demostración de que el concreto puede hacer mucho más que un bloque rectangular.
