Increíble transformación de una antigua ladrillera que se convirtió en una vivienda de lujo

Esta renovada vivienda, situada en Eslovaquia, da un nuevo significado a lo que era parte de la estructura de una vieja ladrillera artesanal. Su transformación revela las técnicas constructivas utilizadas. 0

Intervenir una construcción existente es quizá una de las tareas más comunes de los arquitectos. Las reformas y ampliaciones permiten revitalizar un espacio, darle un nuevo uso y adaptarlo a las formas de vida de sus habitantes.

El techo a dos aguas se convierte en el elemento más representativo al revelar sus materiales y técnicas constructivas, mientras determina la espacialidad interior de este nuevo recinto y permite la entrada de luz natural.

Renovar contribuye también a la sostenibilidad asociada con la reutilización de lo obsoleto, construir sobre lo construido trae beneficios ambientales y económicos al no implicar una nueva obra. La ampliación de esta casa ubicada en Cachtice, Eslovaquia, se ciñe a los atributos de la arquitectura que modifica y recoge su materialidad y geometría para integrar perfectamente lo nuevo con lo viejo.

Diseñado por la firma local Architekti B.K.P.Š., el proyecto interviene una vieja ladrillera artesanal para ampliar la vivienda que albergaba a sus dueños. Luego de la Segunda Guerra Mundial, debido al cierre de la producción de ladrillo, sembraron una huerta en el lugar y a mediados de la década de 1990 hicieron una reforma inicial a la antigua casa y al horno para la cocción de los adobes –que se transformó
en un estudio–. La estructura original es una típica construcción campestre, con techo a dos aguas y muros de mampostería que garantizan el confort térmico tanto en verano como en invierno.

La ampliación, definida como una extensión de la silueta de la vivienda, conserva su forma y materiales, pero con una espacialidad interior radicalmente distinta. La nueva sala de estar es un espacio único y amplio donde la ausencia de cielo falso permite ver la estructura del techo.

Este último lo construyen con una serie de viguetas metálicas que soportan un sustrato de ladrillo a la vista, sobre el que instalan un tejado de paneles planos. Gran parte de las piezas de arcilla utilizadas para la cubierta fueron horneadas en la antigua ladrillera del lugar. El color terracota y la textura rugosa del material vinculan esta ampliación con la historia de la propiedad.

Los muros de fachada llevan la estructura portante del proyecto, lo que libera el espacio de tabiques divisorios y crea un ambiente unitario e iluminado por los ventanales que se abren sobre sus gruesas paredes y en el extremo de la cubierta. Los muros están revestidos con cal y los pisos de concreto quedan expuestos.

Esta adición propone un crecimiento en el que la arquitectura de la antigua casa es conservada y replicada para generar así un sentido de continuidad.

Los materiales confieren la apariencia de una obra inconclusa donde las técnicas constructivas no se esconden, sino que se exponen. Una escalera sólida sube a una pequeña buhardilla que domina el lugar desde arriba y se conecta con el antiguo ático original. En medio de la vegetación sembrada hace décadas aparece esta nueva pieza, un momento más en la crónica construida de este lugar. Se levanta con lo que está a la mano y su atmósfera es producto de revelar sus verdades técnicas y constructivas.

Lejos de buscar un protagonismo formal, este proyecto entiende el espacio físico y temporal en el que se inserta y configura una
arquitectura sosegada y necesaria. ■

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