Estas fueron las obras que definieron los últimos 25 años en Colombia

En esta nota encuentre un reconocimiento de proyectos que anticiparon los retos del presente y del futuro.

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El primer cuarto del siglo XXI (2000-2025) fue una era de múltiples crisis para la arquitectura. El desafío más transformador fue el ambiental, en la medida en que la industria de la construcción es responsable del 39 % de las emisiones globales de CO2.

Esto obligó a pasar de lo “verde” a un imperativo ético, ampliando el debate del carbono operativo, la energía del edificio en uso, a la creciente conciencia del carbono incorporado, que son las emisiones generadas por la extracción y el transporte de materiales. Paralelamente, la crisis de recursos, ejemplificada en la escasez de arena, constató el fin del modelo de crecimiento infinito del siglo pasado.

Las respuestas a esta doble crisis redefinieron la práctica. Emergió la economía circular, que desafió el modelo lineal de “extraer-construir-desechar” al promover la reutilización y reparación de edificios. Simultáneamente, la transformación digital optimizó la eficiencia mediante el BIM (modelado de información para la construcción), una metodología colaborativa que integra todos los datos del proyecto en un modelo único en tiempo real.

Diseño y arquitectura de obras importantes en colombia
Clínica Santa Fe.

En el plano urbano, el siglo XXI es el de las ciudades; sin embargo, el desafío de la rápida urbanización, especialmente en América Latina, no ha sido enfrentar el crecimiento, sino la desigualdad que este genera. La profesión ha enfrentado, entonces, urbes marcadas por la fragmentación espacial y la segregación, las cuales demandan una visión integral que vincule arquitectura y urbanismo inclusivo.

Finalmente, el desafío más filosófico ha sido la crisis de identidad de la profesión, atrapada entre el ícono global del star-architect y la respuesta local. Frente al fenómeno de la práctica global e individualista, se antepuso con fuerza el regionalismo crítico. Teorizado por Kenneth Frampton en la década de los ochenta, este concepto plantea el reto de crear una “arquitectura del lugar” que responda críticamente al contexto y que tenga en consideración el clima, la topografía, la luz y la técnica, un camino que en nuestro medio lideró Rogelio Salmona.

Estas fueron las obras que definieron los últimos 25 años en colombia
Orquideorama de Medellín.

Hoy, esta postura cultural se ha fusionado con los desafíos ecológico y social. Ser “regionalista crítico” ya no es solamente una elección estética, sino una postura ecológica: implica el uso de materiales locales de bajas emisiones y la implementación de diseño bioclimático pasivo.

Por lo anterior, la lista de las siguientes veinte obras no es un catálogo exhaustivo, sino una declaración curatorial. Funciona como un ejercicio en el diseño y la construcción que refleja una visión madura de la disciplina arquitectónica en Colombia.

El valor de las obras seleccionadas no reside únicamente en su calidad estética o formal, sino en su capacidad  para responder, e incluso anticipar, algunos de los retos antes mencionados, los cuales se agruparon bajo seis criterios:

1. Referencia y legado

Valida la continuidad de una tradición de alta calidad espacial y material, reconociendo “obras maestras” que definen un canon, sirven como ejemplo de estudio y establecen un punto de referencia para la disciplina. 

Estas fueron las obras que definieron los últimos 25 años en colombia
Museo de Arte del Banco de la República.

En este grupo se incluyeron tres hitos: los edificios de posgrados de Ciencias Humanas (2000) de Rogelio Salmona, hoy en la lista indicativa para ser patrimonio mundial de la Unesco; el Alberto Lleras Camargo (1992), de Guillermo y Daniel Bermúdez, un referente universitario vigente gracias a su innovadora implantación topográfica, y el Museo de Arte del Banco de la República (2004), de Enrique Triana y Juan Carlos Rojas, reconocido por su sobriedad, por su calidad espacial y por consolidar la Manzana Cultural de Bogotá.

2. Transformación urbana e impacto público

Este criterio ha sido central en la narrativa de la transformación urbana de Bogotá, Medellín y Barranquilla en las últimas dos décadas. Valora la arquitectura como un instrumento visible de cambio, un catalizador para la cohesión social y un medio para revitalizar sectores urbanos. En este sentido, se han seleccionado varios proyectos. El Parque Central Bavaria (1994) demostró que transformar terrenos industriales obsoletos era vital para el centro de Bogotá. 

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El Parque Central Bavaria.

En Medellín, el Orquideorama (2005) creó un espacio público cubierto, que posicionó al Jardín Botánico como centro cívico, en tanto que el parque Explora (2007) se considera una pieza central del “urbanismo social”. A estos se suman la expansión del MAMM (2015) por su diseño abierto e incluyente, y el parque de los Deseos (2003) por su aporte a la revitalización del sector norte. 

En Barranquilla, el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín (2022) busca integrar de manera sostenible el ecosistema de la ciénaga con la vida urbana, por medio de una infraestructura que promueve el ecoturismo y la conciencia ambiental.

3. Innovación técnica, estructural y bioclimática

Reconoce la investigación y el desarrollo (I+D) aplicados en la arquitectura, al tiempo que destaca soluciones de vanguardia que responden a desafíos climáticos, estructurales o programáticos. 

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Tropicario del Jardín Botánico de Bogotá.

En este grupo se incluyeron el Tropicario del Jardín Botánico de Bogotá (2021), por su innovación estructural y bioclimática; el edificio de Laboratorios de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana (2020), referente en diseño sostenible de alta tecnología; la expansión de la Clínica Santa Fe (2018), que redefine la arquitectura hospitalaria al enfocarse en la humanización del espacio, y el Ágora Bogotá (2018), destacado por su avanzado sistema de ventilación natural, un logro técnico notable para su escala.

4. Impacto social comunitario 

Desplaza el enfoque del objeto arquitectónico final al proceso de su creación y su impacto humano directo. Valora la arquitectura que se construye con la comunidad, no solo para ella, generando apropiación y respondiendo con sensibilidad cultural. 

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Biblioteca Casa del Pueblo.

Un pilar de esta idea es la Casa del Pueblo, la biblioteca pública de Guanacas que se destaca por su impacto social al ser construida por los propios habitantes; igualmente, el Centro Etnoeducativo Walirumana (2022) es fundamental por su enfoque social y sostenible, al reflejar un diálogo respetuoso con la cultura wayú y sus técnicas constructivas locales.

5. Relevancia cultural

Tiene en cuenta la capacidad de un proyecto para recuperar la memoria colectiva y la identidad, incluyendo la preservación del patrimonio y la creación de nuevos símbolos.

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Fragmentos.

En este grupo se incluye la restauración del teatro Heredia (1998), un trabajo ejemplar y fundamental para la conservación del patrimonio cultural, y Fragmentos (2019), un “contramonumento” cuyo valor reside en su potente significado simbólico y su relación con la memoria histórica del conflicto armado colombiano.

6. Vanguardia doméstica y bioclimática

Este criterio se enfoca en cómo la arquitectura residencial —colectiva o individual— puede funcionar como un laboratorio de ideas, cuestionando el habitar y la sostenibilidad. Los ejemplos incluyen el edificio Matorral (2016), un referente de arquitectura tropical por su innovadora “fachada viva”; el edificio La Paz (2021), que representa la tendencia del reciclaje urbano al evitar la demolición, y la casa Ballen (2021), que reflexiona sobre la vida doméstica al privilegiar la esencia de los hábitos sobre la función.

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Edificio La Paz.

Por último, mientras la profesión consolida las lecciones de este periodo, los desafíos pos-2025 ya emergen, redefiniendo el oficio. En el frente digital, la inteligencia artificial (IA) promete automatizar el diseño, presentando un desafío existencial al rol creativo del arquitecto; en el material, la escasez de recursos se intensificará, convirtiendo la economía circular de opción en necesidad absoluta, y en el climático, el desafío ya no es solo mitigar los efectos de los gases de efecto invernadero (GEI) en el clima, sino adaptar activamente las ciudades a una nueva realidad de eventos extremos. La arquitectura completó veinticinco años de transformación; los próximos veinticinco exigirán su reinvención.

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