Revista Axxis
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Aunque permanecemos la mayoría del tiempo dentro de los edificios o en medio de ellos, todavía no somos conscientes de qué tanto influye la arquitectura en nuestra vida. Una estructura tan compleja como el cerebro humano continúa siendo —en parte— un enigma, motivo por el que la neurociencia —surgida cerca de la década de los sesenta— se encuentra en constante descubrimiento y evolución. De hecho, la neuroarquitectura, una disciplina científica con poco más de veinte años de existencia, es una prueba de que ambos conocimientos se deben entender a la luz de sus relaciones en común.

Para la arquitecta y diseñadora de interiores Marisa Gómez, la neuroarquitectura constituye la base de sus obras. “Desde la paleta de colores hasta la integración de elementos naturales, todo mi trabajo está enfocado en el concepto de neuroarquitectura”. Y este proyecto —que pertenece a un antiguo cliente— lo intervino con el propósito de que se adecuara al estilo de vida de él y su esposa.

“Ambos disfrutan cocinar en casa, así que la cocina es tal vez el espacio más importante del apartamento. Antes estaba completamente cerrada, por lo que decidimos abrirla hacia el área del comedor, ampliando la percepción espacial y la iluminación natural”, explica.

La configuración en L permite que esta disponga de una barra, que la divide a su vez, de manera sutil, del corredor que atraviesa la zona social. Además, para que el extractor de olores no interrumpa las visuales desde y hacia la cocina, se incorporó a la carpintería arquitectónica.

Otra estancia modificada fue el estudio, que —al igual que la cocina— estaba completamente delimitado. La arquitecta no solo lo intervino eliminando paredes innecesarias, sino que reubicó la chimenea entre este y la sala, creando una transición espacial amable y potenciando la sensación de calidez.

Detalles del diseño del apartamento
En materia de acabados, los conocimientos en neuroarquitectura cobran especial relevancia. “La vivienda debe ser un lugar tranquilo, que favorezca el bienestar, por lo que escogí colores neutros, como el taupe y el beige, y los resalté mediante el uso de molduras en los revestimientos”. La habitación principal, por ejemplo, presenta un alistonado sobre la pared ubicada detrás del cabecero de la cama, completado por un vano rectangular iluminado silenciosamente.

La iluminación es otro de los aspectos fundamentales en el ámbito de la neuroarquitectura, pues se relaciona con los ritmos circadianos —reloj biológico interno—. De ahí que el sistema sea dimerizable, esto es, que permite ajustar la cantidad de luz a las actividades cotidianas. “Las luces son todas indirectas, en ningún caso impactan directamente los ojos. Ese es un error frecuente que evito siempre”, comenta Gómez.
El mobiliario es coherente con la propuesta sobria de los acabados. Geometrías curvas que transmiten contención, sumadas al uso de tapizados planos o lisos, crean una idea de conjunto tan homogénea como serena.

Con base en los principios de la neuroarquitectura, pero adecuándolos a las particularidades de cada persona, Marisa Gómez construye un refugio de calma y bienestar, sin necesidad de acudir a ornamentos ni adornos. La belleza que logra por medio de la consonancia de los materiales y la espacialidad luminosa y holgada son, más que un principio, una intuición.
Cinco puntos para destacar de esta obra
1. El apartamento, aunque pequeño, se percibe amplio tras la intervención, gracias a la apertura de algunas estancias antes compartimentadas.
2. Los acabados se destacan por el uso de texturas homogéneas y colores neutros, pero contrastantes entre sí.
3. La cocina y el estudio se transformaron por completo para adecuarlos al estilo de vida de sus propietarios.
4. Las luces son indirectas y dimerizables, con el objetivo de que respondan a los ritmos circadianos de los residentes.
5. La chimenea la diseñaron para separar parcialmente la sala del estudio, mediante un mecanismo ingenioso que facilita el paso de luz y mantiene la funcionalidad.
