Revista Axxis
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Desde la calle, nada parece anticipar lo que ocurre en el interior. Esa es una de las apuestas del proyecto. Su fachada mantiene una presencia discreta, mientras que detrás de ella se desarrolla una secuencia de espacios que cambia de carácter a medida que el visitante avanza.

“Oriental, bogotano, contemporáneo”. Con estas palabras, Santiago Muñoz, de Andamio Arquitectura, firma a cargo de la obra, resume la intención detrás de Osaki, un restaurante ubicado en Usaquén (calle 109 # 18-36), que se aleja de las representaciones convencionales de la arquitectura oriental para construir un ambiente inspirado en esta cultura, pero arraigado en el carácter y la identidad de Bogotá.

Para lograr este propósito, emplearon una composición sobria y el desarrollo de una serie de atmósferas que generan una experiencia distinta. “Una arquitectura simple, con materiales sencillos pero con mucha fuerza”, explica Muñoz.

Esa premisa atraviesa el proyecto y se hace evidente en el uso de madera, acero y concreto. Además, la expresión de los elementos constructivos está acompañada por la luz, que dirige las transiciones y permite que la sensación espacial se perciba de un modo diferente.

Detalles del diseño de Osaki
Uno de los detalles que sorprenden y hacen distinto a Osaki son sus mesas, desarrolladas en colaboración con el estudio The Loop Concept. Como parte de la búsqueda por evitar el uso de piedras naturales, crearon una alternativa que se integra con la estética del restaurante: superficies que, a primera vista, parecen de mármol, pero que en realidad están hechas de plástico reciclado. En la recolección del material se involucraron clientes habituales del restaurante, habitantes del sector de San Patricio, colaboradores de Takami, negocios aliados y embajadores voluntarios.

En cuanto al recorrido, comienza en el exterior, con la calle y el antejardín. Después aparece un segundo espacio de transición, más bajo y recogido, donde la madera domina la escena. Es un momento de pausa, el visitante deja atrás el ruido de la calle y entra progresivamente en otro ambiente.

La siguiente parada es el comedor principal, donde también se encuentra el bar o estación de bebidas. Aquí la sensación cambia. El espacio se vuelve más frío y aparecen el acero inoxidable y los espejos laterales, materiales que multiplican las perspectivas y producen una experiencia distinta de la del acceso.

Pero el trayecto todavía guarda una última transformación. Al fondo, la altura espacial aumenta y el restaurante desemboca en una suerte de jardín o terraza interior. Después de atravesar espacios más contenidos, este ambiente genera una sensación de apertura y funciona como cierre de la secuencia.

La firma planteó estos espacios como capítulos de una misma experiencia. Cada uno prepara al cliente para el siguiente y modifica la percepción del anterior. Visitar Osaki es disfrutar de una pausa dentro de la ciudad. Una vivencia que comienza en la arquitectura y culmina en su propuesta gastronómica.
