Pocas tipologías arquitectónicas han tenido tanta permanencia y versatilidad como la cabaña. Desde las primeras estructuras de madera hasta los refugios de diseño contemporáneo, su evolución refleja nuestra relación cambiante con la naturaleza, el paisaje y la idea misma de hogar.
Una cabaña entre el agua y los árboles
Llegar a Posada Amazonía es cruzar un portal hacia un mundo distinto, que parece casi extinto. Rodeado de verde, de vida, de agua. A solo 25 minutos de Florencia, capital del departamento del Caquetá, en una entrada inesperada de la carretera, hay un puente colgante sobre una quebrada. Este espacio lo creó la naturaleza, pero las cabañas —en completa armonía con el entorno— son obra de la creatividad de Zonia Gómez.

Esa cabaña, en particular, tiene una ventana que enmarca los árboles y la quebrada cercana, una terraza con vista a toda la posada y un baño al aire libre que permite disfrutar de la naturaleza mientras uno se da una ducha.

Cada cabaña lleva el nombre de un ave que se ha avistado en el lugar. Está, por ejemplo, Carpintero, que atraviesa un árbol al que esas aves llegan frecuentemente. O también está Ara Macaw, con una vista espectacular al bosque nativo que la rodea.

Las zonas sociales están inspiradas en las malocas indígenas, concebidas como espacios para compartir, dialogar y reflexionar. La mayoría de los materiales empleados en la construcción los ha provisto la misma tierra. La quebrada les da madera: caminan por la orilla y encuentran árboles arrastrados por el agua. Esa madera, ya fosilizada, se trabaja y se aprovecha.

Más allá de hospedarse en este lugar y aprovechar su comodidad, lo fascinante es disfrutar de un recorrido al lado de la quebrada, detenerse a mirar cómo el viento mueve las hojas de estos árboles centenarios, entender el mundo minúsculo del reino fungi, o simplemente enriquecer el oído escuchando el canto de las numerosas aves que habitan esta tierra. Antes, en épocas de guerra, habría sido imposible estar acá; sin embargo, hoy se respira un aire de paz.
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Cabañas de cristal
En Kyiv, Ucrania, a través de la transparencia, la luz y una cubierta que se convierte en el gesto arquitectónico central del proyecto.

Ubicadas en una finca privada en el centro de Ucrania, estas casas de huéspedes ofrecen una reinterpretación contemporánea de la tradicional mazanka ucraniana: la casa rural arquetípica moldeada por materiales locales, clima y rituales culturales.

Para esta obra, a cargo de la firma YOD Group, la arquitectura vernácula tradicional ucraniana evolucionó a través de soluciones sencillas pero expresivas, caracterizadas por gruesos muros encalados, techos de paja y enlucidos regulares como muestra de cuidado y aspiración al orden y la belleza.

En la interpretación contemporánea del Grupo YOD de la Hata-Mazanka tradicional, esta búsqueda de luz y limpieza se traduce en fachadas de cristal totalmente transparentes, mientras que la cubierta, deliberadamente sobredimensionada, se convierte en el principal gesto arquitectónico del proyecto.

La distribución espacial se organiza en torno a un núcleo funcional: un bloque central de hormigón que alberga el baño. A ambos lados se encuentran el dormitorio y la sala de estar. La sala de estar cuenta con una chimenea minimalista, una referencia contemporánea a la estufa tradicional ucraniana.
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Un diseño íntimo y sensorial
Juan Segundo Díaz Dopazo creció en la Patagonia y posteriormente se mudó a Buenos Aires para estudiar arquitectura, donde conoció a María Ayelén Olivieri Martínez. Siempre supo que algún día regresaría al sur. Para él, la Patagonia es un lugar verdaderamente especial: sus paisajes vírgenes son incomparables. Lo que nunca imaginó fue la oportunidad de diseñar una serie de cabañas para sus padres, en pleno bosque de arrayanes.

El proyecto, por la firma OJA (Arquitectura Orgánica y Alegre), consistió en la creación de un complejo turístico a escala boutique (250 m²) dentro de un bosque nativo de Coihues y Arrayanes, en un terreno escarpado con impresionantes vistas y acceso directo a las orillas del Lago Correntoso, un entorno increíblemente tranquilo y natural.

Su propuesta consistía en «cabañas paisajísticas» modulares para dos o tres huéspedes, concebidas como un elemento más del bosque. Cada cabaña se integra con su entorno con una sensación de aleatoriedad controlada, compartiendo un lenguaje arquitectónico común, pero con sutiles variaciones que le otorgan a cada una una identidad única.

Cada unidad está diseñada como un único espacio abierto, dividido en medias plantas y acentuado por amplios ventanales estratégicamente ubicados. Estas aberturas amplían la sensación de espacio hacia el exterior y permiten que la densa vegetación de mirtos proporcione privacidad y una inmersión en la naturaleza. Este enfoque también fomenta la intimidad entre cada volumen y las zonas comunes del complejo.
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Un refugio para la conexión con la naturaleza
Ridge On The Chimney es un conjunto de cuatro cabañas de alquiler, ubicadas en la remota comunidad rural de Chimney Corner, en la costa oeste de la isla de Cabo Bretón, Nueva Escocia, un destino de renombre mundial reconocido por sus impresionantes paisajes, su vibrante cultura y su cálida hospitalidad.

Este proyecto, diseñado por la firma MacKay-Lyons Sweetapple Architects, tienen capacidad para entre dos y seis personas. La obra incluye dos literas de una habitación, de 47 y 53 metros cuadrados respectivamente, y dos cabañas de dos habitaciones con literas, cada una de 117 metros cuadrados.

Concebidas como un conjunto de formas sencillas con tejados a dos aguas revestidos de madera, las cabañas se ubican a lo largo de una cresta que se extiende de norte a sur en el paisaje.

Al oeste, el terreno desciende abruptamente sobre acantilados hacia el estrecho de Northumberland, mientras que al este, se eleva hacia las montañas. El lenguaje arquitectónico evoca la cultura local, inspirándose en los graneros agrícolas con tejados a dos aguas y las casetas de pesca costeras.

Los edificios adoptan una forma de «piel tensa», con detalles de alero cero, y están diseñados para resistir los potentes vientos de «Les Suêtes», un fenómeno meteorológico local que alcanza velocidades sostenidas de hasta 100 km/h y ráfagas que alcanzan los 200 km/h.
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Un hotel de ensueño para disfrutar del entorno
El proyecto está situado en Guilin, Guangxi, una famosa ciudad turística de China. El hotel está junto a un pequeño río y basándose en el clima y el entorno locales, ha querido crear una experiencia de alojamiento inmersiva y cercana a la naturaleza se ha convertido en el principal objetivo del diseño.

El concepto de «más cerca de la naturaleza, es mejor», se aplicó permitiendo a los visitantes tener una relación más estrecha con la naturaleza. El edificio está elevado a una altura de 5 metros.

El edificio elevado es ligero e interesante y puede tener la vista más amplia. Al mismo tiempo, la altura de la casa del árbol está alineada con la copa de los árboles. Al mirar por la ventana, hay árboles frondosos, lo que da a la gente la experiencia de viajar por la selva.

Hay 13 unidades, cada una de ellas con diferentes formas, áreas y formas, con una superficie de aproximadamente 27 metros cuadrados. La zona principal de actividades se concentra en la primera planta, y en la segunda se utiliza el espacio triangular para crear un espacio para que los niños jueguen.

En los otros tipos de apartamentos, el dormitorio de los niños se encuentra en la segunda planta, y la primera planta es la zona pública y el dormitorio de los adultos. Esta zona tiene aproximadamente 45 metros cuadrados. En el interior, la primera y la segunda planta están conectadas por escaleras de escalada que permiten a los niños jugar en la habitación.

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Un proyecto posado en la montaña
El objetivo del diseño, a cargo de la firma Mimosa Architects, era crear una auténtica atmósfera de casa de campo sin recurrir a elementos historicistas carentes de auténtico valor histórico. No se intentó imponer principios espaciales contemporáneos en un volumen tradicional, sino crear un edificio contemporáneo arraigado en los principios espaciales tradicionales. El salón principal conserva así la atmósfera de un espacio cerrado, seguro e íntimo.

Sus dimensiones, y posteriormente la escala de las demás estancias, se determinaron por uno de los pocos elementos conservados: el techo de vigas vistas. Este definió tanto la altura libre como las proporciones generales del espacio.

Gracias a la combinación de acristalamientos practicables y sin marco, se ha conservado el ritmo de la estructura tradicional tanto en el exterior como en el interior, a la vez que el interior se abre a las vistas del paisaje circundante.

Hoy en día, la casa ofrece un alojamiento confortable para la familia y sus amigos. El corazón de la planta baja es el salón principal, con asientos empotrados bajo las ventanas y una gran mesa. Dentro del volumen de la casa original, además del salón, se han insertado un dormitorio de invitados y una escalera. Los baños, añadidos durante la era socialista, se han transformado en una sauna con instalaciones.

Entre la pendiente y el volumen original de la cabaña se encuentran espacios de almacenamiento y técnicos para todo lo que pueda ser útil en la montaña: una despensa, un lavadero, un almacén para equipos de esquí y ciclismo, un taller, una sala de máquinas y un baño combinado para perros y bicicletas.
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El bambú como material principal
El proyecto de rediseñar Casa Selvaggio, un hotel ubicado en una colina de Ráquira (Boyacá), parte de una decisión fundamental: remplazar una obra inicial en concreto por una íntegramente construida en bambú, con un sistema que articula estructura, forma y paisaje.

El encargo le llegó al arquitecto Mauricio Castaño después de que el propietario buscara una alternativa sostenible para un conjunto diseñado originalmente con estructuras de concreto y sistemas constructivos convencionales.

Cada unidad, de 70 metros cuadrados, se apoya en la pendiente natural de la colina, sin modificarla agresivamente. La posición de las cabañas sigue la topografía de manera secuencial, evitando el registro visual directo entre ellas para, por el contrario, abrirse a la vista panorámica que ofrece el lugar.

Esta decisión de emplazamiento permite que haya relaciones claras entre arquitectura y territorio. Las terrazas se proyectan hacia el valle y funcionan como prolongación del interior. Desde ellas, la lectura del paisaje no se da como un fondo escénico, sino como un componente activo del conjunto. La repetición controlada de las cubiertas y la continuidad material generan una unidad que no compite con el entorno, sino que se incorpora a él con un perfil bajo y una escala adecuada.

El restaurante Forestia, situado en la zona más estable del terreno, ordena el proyecto y funciona como punto de encuentro. También está construido en bambú, complementado con bloques de tierra compactada y un cielo en esterilla, bajo una cubierta de teja metálica.
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