Revista Axxis
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A lo largo de la historia, las cocinas han sido el corazón de nuestros hogares, un espacio donde la creatividad y la funcionalidad se entrelazan.
A medida que el diseño de las cocinas evoluciona, vemos un creciente deseo por espacios prácticos y acogedores. Desde gabinetes llamativos hasta esquemas llenos de madera y el uso de espejos, cada elemento busca crear un ambiente que invite a la interacción y la creatividad.
Además, la iluminación se ha convertido en un elemento crucial, tanto para la funcionalidad como para generar una propuesta cálida y acogedora que fomente la convivencia.
1. En roble blanco, piedra y paisaje
Esta cabaña, diseñado por la firma Dubbeldam Architecture + Design, ofrece una escapada serena para una pareja con un profundo amor por la naturaleza, quienes pasaron fines de semana acampando en el terreno durante un año antes de decidir dónde y qué construir.

La cabaña de dos niveles, construida en una península apartada, a orillas de un lago prístino libre de lanchas, entre la naturaleza salvaje de Ontario (Canadá), maximiza las vistas al agua y al bosque circundantes, a la vez que se integra armoniosamente con el entorno. Su parte inferior queda oculta a la vista, debido a una roca en el terreno, mientras que a la planta superior se accede mediante un puente.

Su cocina —ubicada en la planta superior—, tiene una carpintería de roble blanco, que se combina con encimeras y salpicadero de piedra artificial, en tanto que una larga isla con fregadero y amplio espacio para sentarse define sutilmente el área. En el techo, un revestimiento continuo de tablones suaviza la acústica y aporta calidez y textura al interior.

En uno de los extremos de la isla se encuentra la escalera, que conecta con el primer piso de habitaciones, mientras en el otro, puertaventanas comunican la cocina con el exuberante paisaje exterior. Para rematar este espacio abierto, dispusieron un comedor de ocho puestos, y al lado, la sala con chimenea, todo rodeado por generosos ventanales.
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2. La calidez del espacio
Este apartamento, ubicado en el centro histórico de una ciudad portuaria europea, forma parte de un edificio construido a principios del siglo XX. La zona está caracterizada por calles empedradas y por su cercanía a una plaza que funciona como punto de encuentro vecinal y turístico.

Esta cocina de la compañía Santos presenta una distribución en paralelo, que concentra las áreas de preparación, cocción y lavado en un módulo lineal, con encimera y panel de pared en laminado cuarcita crema.

En su diseño disponen la parte baja para integrar elementos como un lavavajillas y los cajones de almacenamiento. Estos muebles de modelo Fine, con sus líneas puras y frentes lisos en roble rústico vertical, se mezclan con naturalidad en el interiorismo de la vivienda.
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3. El uso del color para redefinir el espacio
En esta casa tipo loft en Girardot, el arquitecto Libardo Mora, director de DosM Ingeniería y Arquitectura, plantea una operación precisa y deliberada: desplazar la paleta tradicional del clima y construir una nueva relación entre material, color y uso. En un espacio en el que la cocina es el centro de todo, el proyecto se organiza a partir de una decisión cromática.

Mientras el resto de la vivienda se resuelve en tonos taupe, en la cocina se introduce un azul que se convierte en el foco del conjunto. No se trata de un acento superficial, sino de una estrategia que define el carácter de esta área. El color se aplica sobre una base material específica: roble francés de poro abierto, que permite absorber y matizar el tono, dándole profundidad y variación.

La cocina, organizada en torno a una isla central, concentra las actividades y articula el espacio continuo del loft. Los mesones claros de piedra contrastan con el volumen cromático sin fragmentarlo, mientras la iluminación y los detalles metálicos terminan de ajustar la atmósfera. En este diseño, el color no decora: estructura. Define jerarquías, organiza el área y le da identidad a la vivienda.
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4. Transformar la lógica de la cocina
En este apartamento ubicado en Chicó Alto, en Bogotá, la arquitecta Catalina de Guzmán propone una operación directa: integrar la antigua cocina y la lavandería para construir un solo espacio, amplio, continuo y habitable. La decisión no solo aumenta la superficie disponible, sino también redefine su uso. La cocina incorpora una isla central que además de funcionar como comedor auxiliar, se consolida como el punto de encuentro del ambiente.

El proyecto responde a una familia que encuentra en la cocina un sitio de permanencia. Su organización privilegia la eficiencia sin perder claridad, configurando un ambiente sereno y ordenado, donde cada elemento tiene una posición precisa.

La materialidad refuerza esa condición. Una paleta neutra, cálida y luminosa unifica el conjunto: muros en tonos suaves, puertas tipo shaker —marco más panel central— en acabado claro y un piso de madera natural, en patrón espina de pescado, que introduce ritmo sin romper la continuidad.
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5. Un ambiente diseñado para organizar la vida diaria
En este apartamento localizado en Bogotá, el estudio Vivienda Moderna, dirigido por los arquitectos Ernesto Puente y Carolina Lineros, parte de esa condición inicial para replantear la cocina por completo. Antes cerrada y sin relación con el resto del inmueble, ahora se abre y se incorpora al área social, por lo que pasa a ser parte activa del habitar diario. Ya no es un espacio solamente utilitario: se convierte en un sitio de permanencia, encuentro y uso.

Con la nueva disposición, se organiza la cocina a partir de una isla central que concentra las actividades principales. Allí no solo se cocina: se trabaja, se conversa y se permanece.

La materialidad acompaña esa transformación. Los muebles bajos en chapilla de roble francés aportan densidad e interés visual, en tanto que los muebles altos en acabado poliuretano color greige reducen su presencia y producen una atmósfera sosegada.

La vitrina en vidrio bronce retroiluminada introduce profundidad y exhibe sin saturar, mientras los mesones de piedra sinterizada aportan precisión y resistencia.
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6. Una cocina que integra el comedor y la terraza
En una casa de una sola planta ubicada en Montería (Córdoba), diseñada por Mezk Studio y organizada en forma de U alrededor de un patio con piscina, la cocina se inserta como parte de un sistema continuo, donde interior y exterior se perciben de manera simultánea.

Su relación con el comedor es directa. No hay puertas ni umbrales marcados: ambos espacios comparten proporciones, materiales y luz. Esta continuidad se refuerza con una composición longitudinal que organiza la cocina como un plano de trabajo claro y contenido, mientras el comedor se abre hacia la terraza y la vegetación.

La isla central define el espacio. No solo concentra la cocción, sino que permite una circulación fluida a su alrededor al funcionar como pieza de transición entre la zona operativa y el área social. A su alrededor, la carpintería de roble natural construye un fondo homogéneo, con frentes continuos que integran electrodomésticos y reducen la fragmentación visual.
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7. Un espacio diseñado para disfrutar de la intimidad de la oscuridad
Este proyecto se basa en un estudio del contraste entre la expresión de la materia prima y una atmósfera serena e introspectiva. La firma Boobrook, encargada de hacer el enfoque de diseño, reinterpreta los principios asociados a la arquitectura brutalista mediante un lenguaje interior refinado.

La cocina es un claro ejemplo del concepto ejecutado en todo el proyecto. Con su distribución se busca mantener transiciones fluidas entre las diversas áreas, al mismo tiempo que se mantiene su jerarquía. Como ocurre en otros espacios, en este ambiente los arquitectos evitan la ornamentación para hacer hincapié en los detalles constructivos y la relación entre lo sólido y lo vacío.

En cuanto a la luz artificial, esta se emplea de manera detallada para crear ambientes de penumbra y resaltar áreas de trabajo como la isla —con barra para cuatro personas— o el mesón. Un comedor para doce comensales acentúa las dimensiones del espacio, que aunque generoso, espacialmente se siente controlado.
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8. Un ambiente polivalente
En este proyecto, diseñado por la firma bogotana HS2E, dirigida por Laura Huertas e Irene Espinosa, la decisión de mantener la ubicación original de la cocina contrasta con la transformación radical de su configuración.

De un recinto cerrado y autónomo, pasa a integrarse con la sala, con la posibilidad de independizarse cuando sea necesario, gracias a la implementación de puertas correderas. Esta condición polivalente —abierta y cerrada— permite que la cocina participe activamente en la vida cotidiana, sin perder su capacidad de contenerse.

El espacio se organiza a partir de tres elementos. Un telón de fondo expositivo, abierto, en el que los objetos dejan de ocultarse y pasan a formar parte del ambiente; una franja funcional más contenida, situada hacia el costado opuesto y capaz de esconder el uso más intenso, y una isla central que, además de articular ambos mundos, permite circular a su alrededor, al tiempo que concentra tanto la preparación como la permanencia. A esto se suma un comedor auxiliar junto a la ventana, que introduce otras formas de uso: desayunar, trabajar, conversar.
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